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OTROS LIBROS:

.Dos mitades en la oscuridad.
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miércoles, 20 de marzo de 2013

caps 16 y 17 de "Dos mitades en la oscuridad"

Siento  el retraso!!!!. En compensación os dejo dos nuevos capítulos de "Dos mitades..." El viere colgaré le siguiente capit de "Amor entre las somnbras" y después me tomo un merecido descansillo.
Bueno, allá van. Como siempre , ojalá os gusten y felices vacaciones de Semana Santa a toood@s.


Capítulo 16

El tiempo se les estaba agotando a sus enemigos y si aceptaban su suculenta propuesta, tendría la oportunidad perfecta para eliminar a aquella que impedía que toda su atención, todos los pensamientos de su reina se centraran en él. Sólo en él.

Había disfrutado tanto con las muertes de los humanos, incluso la parodia creada con el inútil vampiro para atraerlo al redil le había supuesto una sorprendente delicia. Si hubiera conseguido excitarse habría completado el círculo. No fue el caso…
 
Era diferente a los demás y ellos lo sabían. No se vendió como los otros para liberar esa parte tenebrosa que  trataban de ocultar en una sociedad definida como democrática, en la que los monstruos eran eliminados, escondidos o perseguidos pese a poblar las pesadillas y la realidad de los buenos ciudadanos de Paris.

A él lo crearon así.

La paciencia que había cultivado a lo largo de varias centurias se le estaba agotando. Siempre había cumplido todos y cada uno de sus deseos, en su gran mayoría relacionados con ella. Con el último miembro incorporado al clan del sur de la Dandraara. Con la repugnante híbrida que odiaba con todas sus fuerzas y a la que aguardaba con calma.

Ese instante con el que soñaba, con el que se regocijaba, se acercaba.

Al otro lado del suntuoso salón ella descansaba. Después de cada visita del enviado de la Tarnaca, su fuerza, su impactante hermosura quedaban drenadas y requería  descansar hasta recuperar su fortaleza pero ello apenas le quitaba un par de horas de su inagotable tiempo de vida. Esos ojos avellana veteados de verde permanecían cerrados, el perfecto rostro completamente relajado al igual que el tendido y escultural cuerpo, las pestañas aleteando, sombreando las pálidas mejillas  y una dulce sonrisa curvaba esos labios. Sabía con quién soñaba…y eso a él le pudría por dentro. Lentamente. Con el paso de los años ese conocimiento iba fortaleciendo su fecunda rabia.

Debería soñar con él, no con la otra.

Él la amaba. La otra…la ignoraba.

Él se hizo un nombre, en el mundo enemigo. Como el asesino más despiadado de la Tarnaca. El era Riannon. Ella, no renegaba de quienes la hicieron sufrir.

Ella jamás buscó a su señora. Él vivía para servirla.

Si la despreciable Dandraara supiera lo cerca que estaban de ellos, la estrecha vigilancia que les imponían, el paulatino agrupamiento de fieles a la Tarnaca hasta alcanzar un ingente número de seguidores a la espera de la señal, de una sola y codiciada señal que anunciara un cambio en el estado de la guerra en la comunidad vampírica, no saldrían a patrullar creyéndose los dueños del mundo, invencibles  y por supuesto, no dejarían a sol ni a sombra a la agente de la que todos creían que hablaba la profecía.

Aquella que según ésta, decantaría la guerra a favor de la Dandraara…aquella que debían neutralizar…aquella que aborrecía  a muerte y ella ansiaba tener cerca. 

La estrategia empleada por su reina no tenía parangón ya que obtendría tres logros ansiados desde hacía siglos de un mísero plumazo. Si como ella afirmaba, la hija se asemejaba al padre, no fallaría el plan ideado.

Lo cosecharían absolutamente todo con una simple semilla ansiosa por germinar.

Reencuentro.

Victoria.

Venganza.
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No sabía cómo responder a la franca pregunta de Ryan.

Le daba terror hablar pese a saber que debía hacerlo. Su mirada no se desviaba de la figura que se mantenía erguida junto a la celda que contenía a su desmayado y resentido primo. Distante y negándose a mantener contacto con ella, aunque fuera visual.

Era demasiado inteligente e intuitivo y ella no servía para los subterfugios. Ryan sabía de sobra que lo escupido por Lance encerraba una buena parte de verdad y ella se sentía incapaz de callarlo por más tiempo.
-Es mi madre, Ryan. Tienen a…mi madre.
El giro fue raudo, de ciento ochenta grados, la mirada de esos ojos denotaba asombro y una buena dosis de desconcierto.
-Eso no es todo. El oscuro dijo algo…algo que no puedo…que es difícil asimilar. La definió como su reina, Ryan. Como su…reina.

Dios…

Sentía la lengua adormecida y las lágrimas agolparse en sus ojos y ella…no lloraba. No lo hizo siendo una cría y no rompería esa terca dureza que la había mantenido en pie, orgullosa, sobreviviendo al horror. Se negaba a hacerlo...

La mano de Ryan se acercó a ella, con lentitud.
-Lena…
Le daba miedo lo que fuera a decir…
Miedo al repudio. Al rechazo.
La gruesa puerta de entrada a la oscura habitación de abrió de golpe, perfilándose a contraluz la proporcionada figura de Carlson.
-Hay novedades. Nos esperan arriba… -esos ojos turquesa miraron directamente a ambos-… ¡Ya!

El cruce de miradas no templó el nerviosismo que asaltó a Lena. La conversación había quedado a medias pero no permanecería así demasiado tiempo. Lanzar a Ryan información incompleta se asemejaba a lanzar un diminuto trozo de carne a un can. No pararía hasta conseguir más, hasta obtenerlo todo. Sus ojos así lo indicaron con la expresión que cruzó su rostro al avanzar dos pasos en dirección a Carlson.

La velocidad conferida por el rubio agente indicaba a las claras que las noticias recibidas no eran excesivamente buenas. Quizá lo único decente a lo largo de una noche, que de inicio había comenzado torcida, era saber que Fanny había recalado sana y salva en comisaría y que el revuelo ocasionado en la clínica forense había quedado en agua de borrajas gracias al efectivo proceder de Mac. Las secuelas dejadas atrás se reducían  a un médico forense alelado que se negaba a pronunciar la palabra escalpelo, una recepcionista  rezongando sobre largos y puntiagudos dientes, entre oscuros y enclenques cuerpos y el curioso hecho de que repentinamente los pasillos de la planta baja del edificio forense habían amanecido recién pintados, sin que nadie hubiera avistado ni una fina cerca de una sucia brocha.

Algunos trabajadores  comenzaban a hablar de misterios, otros de milagro, la mayoría evitaba cruzar por ese claro corredor. El idiota prepotente de Lucas Turner insinuaba conspiraciones e invasiones de otros seres, posiblemente aficionados al sadomasoquismo.

Lena casi sonrió al imaginar la cara del agente al que hubiera tocado en suerte recoger su estrambótica declaración.

Si a ello añadían la afición de Turner por los dibujitos… 

Suspiró mientras ascendían a la carrera la escalinata que llevaba directamente al despacho del capitán, el cual se estaba convirtiendo en un segundo hogar dada la frecuencia con que últimamente lo pisaban. Ellos habían sorteado un buen problema tras verse obligados a adentrarse en el mundo de los humanos. No quedaba rastro de la incursión que lo ligara a ellos…

La escena en la que formó parte a continuación parecía estarse repitiendo una y otra vez. Las caras largas, los ceños fruncidos, los equipos preparados para el combate. Las armas engrasadas, el olor a grasa y pólvora…
La única diferencia era la ausencia de agentes de otros grupos en la presente reunión.
-El grupo del Este ha sido enviado para organizar la defensa en las fronteras. Parte del grupo del Norte van camino a las primeras casas para alertarles. Los soldados de la raza han comenzado a patrullar. La gente de Mac  ya está preparada para lo que se nos viene encima. Se ha lanzado una alarma de primer nivel que alcanzará a las comunidades cercanas y ésta se extenderá de inmediato y con rapidez a otros continentes. Todos los grupos han de estar preparados para una ofensiva en masa.

La parrafada del capitán sonaba a hecatombe y ellos permanecían en la desconcertante ignorancia al haber quedado aislados con su primo en los sótanos de la mansión durante el interrogatorio. Si no se enteraba de inmediato le iba a dar un ataque de ansiedad. Eso unido al hecho de que todos, absolutamente todos los presentes evadían su inquisitiva mirada, le daba mala espina.
-¿Qué coño ocurre, jefe?
Gracias al cielo por la agilidad y curiosidad mental de Ryan, no se iba a desmayar de la presión que sentía por descubrir qué diablos estaba pasando.
-Hemos  recibido una propuesta de tregua de la Tarnaca con la posibilidad de extenderse a un periodo de paz…
Casi se ahogó de la emoción. No recordaba en toda su endiablada vida un solo instante de paz. Únicamente dolor y muerte…
-…condicionado a que cumplamos con una sencilla petición.
Los gruesos cristales que cubrían los ojos del capitán no se apartaban de Ryan. Éste apretó los blancos dientes con fuerza y cerró los puños.
-Nunca.
Tras un breve espacio de silencio Robbins contestó a esa sencilla negativa.
-No esperaba otra cosa de ti, Begirale. Nos honras.
La condición tenía que ver con ella. Era tan simple como hilar cabos sueltos. Dios…no era idiota y odiaba que la ignoraran, que obviaran sus deseos o la mera posibilidad de optar por conseguir la paz tras siglos de devastadora  lucha.
Se adelantó, tras asimilar con dificultad lo que estaba por decir.
-Responde que sí, capitán. Vale la pena…
Todos los presentes se removieron inquietos y Ryan se volvió como una verdadera furia hacia ella.
-¡No!
Lo ignoró porque si lo miraba, si lo escuchaba…su voluntad flaquearía.
-Hazlo, mi capitán. Es mi decisión…
-¡No!...como tu protector tu destino es mi futuro, salvaguardar tu vida es mi deber…si te entregas a ellos…si lo haces…si…

       Dios.

Ryan parecía estar ahogándose, empalideciendo por momentos. Su hombre iba a pelear con furia por evitar lo que ella estaba decidida a hacer.
No podía mirarle. No…podía.
-¿Cuáles son los términos, capitán?
-Nos dan cuatro horas para que acudas al bosque de hayas al sur del parque natural de Vexin Francais, cerca de la entrada este, al inicio del empedrado camino que lleva a una de las colinas sobre el valle. Tú sóla. Desarmada. Con los ojos vendados. Si aceptamos, nos ofrecen un siglo de paz. Inquebrantable.

         La opresión se le agolpaba en el pecho.

Podía conseguir cien años de paz, de tranquilidad, de poder ver creer a varias generaciones sin miedo a presenciar su muerte. No más vidas destrozadas, ni padres enterrando un recuerdo, perdidos y desolados en su desgracia. Y eso, todo eso estaba en sus manos…

Era curioso…

Le invadió una oleada de tranquilidad y pérdida. Dolor y también honda  tristeza. La elección estaba hecha antes incluso de plantear una posible negativa.

Una vida a cambio de generaciones sin conocer los horrores de la guerra. Imposible de rechazar…
-Está decid…
-La Cleda aún no ha hablado.
No podían estar hablando en serio…

¡Nadie rechazaría semejante oferta, ni siquiera el tribunal de la Cleda! ¿Acaso no lo veían tan claro como lo hacía ella?
-Queda poco tiempo, capitán.
Los rasgos de éste relucían de determinación.
-Agotaremos el que sea necesario, Lena.

El tirón que endureció su cuerpo, sus músculos, sus tendones y que pareció desgarrarle por dentro la cubrió al completo. El maldito remolino que anunciaba la llamada de la Directora los engulló para despertar con un dolor de cabeza de campeonato y la boca con la sensación de tenerla rellena de azucarado algodón de feria. Asfixiante y dulzón.

Las ganas de maldecir al mundo la saturaron.

Le faltaban las fuerzas para un encontronazo y comenzaba a odiar el jodido trinar de los pajarillos cada vez que visitaban los dominios de la Directora. Mierda…se le estaba yendo la cabeza por la condenada presión. Su mundo al revés y lo único que se le aparecía en la mente era…la imagen de una cazoleta de pichones asados en su propia salsa.

Su estómago retumbó.
-Álzate, agente Bates. Hemos de conversar.
Desde su posición, calcada a la última ocasión que hizo una jodida visitilla a la Directora, con el capitán Robbins, Ryan y…ella, rodeándolo, irguió levemente la cabeza, sintiendo la sangre agolparse en ella.
-¿Tenemos tiempo?
-Eso lo decido yo.

Ya estábamos con el ordeno y mando. No era suficiente con las órdenes imperiosas de Ryan y su propio eterno empeño en no cumplirlas por el hecho de brotar de quien brotaban, sino que una vampira milenaria que le llegaba poco más allá del ombligo la intentaba manejar a su antojo y capricho del momento.

Pues no le daba la gana, diantre.

Tumbada en el suelo, totalmente consciente y retadora, se cruzó de brazos y tobillos mientras escuchaba el horrorizado y angustiado susurro de Robbins.

Su…Qué diablos haces , le recordó por alguna extraña razón al irrepetible sueño que una vez tuvo del invencible y fornido Batman que al ir a arengar a los ciudadanos en su lucha contra el mal , en lugar del vozarrón esperado por todos , surgió la gangosa voz del oso Yogi…

La sensación de despertar a carcajadas…fue asombrosa y maravillosa. Y tan lejana…

Se apretó contra el duro suelo, empecinada. Desearía poder rebobinar unos cuantos años su vida. A ser posible hasta su infancia para enderezarla, para huir con sus padres del lugar donde murió su niñez y su fugaz felicidad.

Notó una caliente mano posarse sobre su brazo, rodearlo y tirar suavemente de ella. La extremidad que lo agarraba parecía arder y temblar. Al oído le llegó el ansioso por favor de Ryan…
Parte de él quiso seguirle pero estaba sencillamente hastiada.La atemporal voz de la Directora no tardó en mediar.
-No, primogénito de la casa Borges. Permítele permanecer en tal estado.

Pues mira por dónde…
 
Ahora le apetecía levantarse. Por recordarle su hombre un pasado que repudiaba.

Quitando la sensación de mareo repentino por el brusco movimiento y las exclamaciones de alarma del capitán y del hombre que permanecía acuclillado a su vera, sus ojos quedaron centrados en la complacida y pícara mueca de la directora.

Joder…

Estaba jugando con ella y disfrutando de sus reacciones.

Condenada…

¡No se le ocurría un epíteto lo suficientemente deslenguado para espetarlo!
-Puedes dejarlo para más tarde, agente. Seguro que me complace tú…inventiva.
No podría con ella ni en un millón de años. Eso si no la hacía explotar antes en un arranque de endiosamiento. No supo lo que iba a decir hasta que se escuchó a si misma farfullar con mesura. Rendida.
-Estoy…cansada, señora… ¿Es cierto lo que dijo el Oscuro?
 Por un segundo le pareció atisbar en esos ojos imposibles de describir de la directora, compasión.
-Lo es.
-¿Está…prisionera?
Sentía las intrigadas miradas del capitán y de Ryan fijas en ellos.
-No lo está, Lena. Fue su elección alejarse de nuestro lado e iniciar otro camino.
-Ella me quiere…
-Sí.
-¿Por qué lo hizo?
-Sólo ella tiene la respuesta a esa pregunta, agente Bates.
-Pero creí…
-No. El lado de la oscuridad es un reino que me está vedado al igual que el de la luz lo está para la Tarnaca. Sin esa línea delimitadora todo se perdería.
-Necesito verla…necesito ver a mi madre y pedirle perdón. Decirla que la quiero, que…
Los dedos que permanecían aferrados a su brazo se crisparon.
-Si lo haces estarás perdida para nosotros, agente Bates. No habrá forma de recuperar tu corazón o alma y tu compañero te seguirá en el camino que decidas emprender…-Lena jamás pensó atisbar un inicio de vacilación en la figura que permanecía en pie ante ellos, con la mirada incrustada en Ryan-…Y él se perderá contigo en esa eterna oscuridad. Volverá a su origen. Al lugar al que perteneció al nacer dónde y de quién lo hizo.

Estallaron como si una burbuja de fuego y ardor los envolviera. Sensaciones y sentimientos. Emanaban del cuerpo de Ryan pero no les dañaba. Sencillamente percibían lo que el macho sentía.

El odio, ofuscación y el pesar primaban entre el alboroto de sentimientos que lo inundaban. Su mente ardía, sin apartar la mirada de ella, de la Directora que pedía sacrificio y si lo que acababa de decir era cierto, sacrificaría a su propia gente sin una mirada atrás, sin una condenada explicación. Por un breve instante la odió hasta creer perder la compostura…
-Mientes.
La frase salió ronca entre los dientes apretados de Ryan.
La Directora permaneció en el lugar. Inalterable. Ni un indicio del arrepentimiento se reflejó en su perfecto rostro.
-En tus mortales facultades está la respuesta, hijo de la casa Borges. Tu fortaleza. Tus capacidades. Tu facilidad para intuir los pensamientos…Dime guerrero, ¿Acaso otros aparte de los Oscuros nacen con semejantes habilidades 

No… 

Estaba todo tan claro. Cruzó sus ojos con los de capitán, quien se había liberado de sus anteojos dejando a la vista unos iris extrañamente despejados y…enrabietados. 

Ryan achicó los ojos. Su piel brillaba…
-Mi frialdad es pura defensa. Mi indiferencia, ni apatía y mi brutalidad. Puede que algo me reservara mi padre pero la  gran mayoría se lo debo a la Dandraara

Los sorprendió a todos apartando con una mueca de repugnancia la vista de la figura de la Directora, cercando la muñeca de Lena con su mano y tirando de ella, con suavidad.
-Volvamos a casa, Lena. No puedo permanecer aquí por más tiempo…

Lo intentó. De verdad que puso todo su empeño pero sus pies parecían estar anclados al suelo. Agarrotados.
-Abandonaréis mi presencia cuando así se os permita, guerreros.
La sedosa voz exudaba advertencia. Dirigida a Ryan.
-No olvides, guerrero que llevo demasiado tiempo sin conocer lo que es tener compasión como para apartar todo a un lado para salvar a quién nos ha servido con lealtad. La información dada lo fue en un momento de debilidad impropia en mí. No me invadirá otro.
Ryan ignoró a la diosa y se dirigió a ella.
-¿Lena?
-Dios, Ryan. No puedo mover las piernas. No puedo…seguirte.
El inmenso pecho vestido de negro se ensanchó, girándose hacia la Directora.
-¿Por qué haces esto?
-Porque puedo. Porque debo. Nada lograrás enfrentándote a mí salvo dolor para tu compañera. Ninguna otra respuesta daré al hijo de quién fue nuestro peor enemigo…al hijo del primado de la Tarnaca
-¡No me llames eso!... ¡No lo soy!-la respiración de Ryan se aceleró y ella sólo pudo apretarle la mano que aferraba con angustia- Los Borges siempre fueron una casa de la Dandraara.
-Lo fueron, agente Robb. Nunca lo dudes…
-Entonces, no…
-Tu padre nació oscuro y se dejó seducir por la oscuridad.
El silencio fue sepulcral.
-Mientes.
-Heredaste parte de esa oscuridad…
-No.
-… pero luchas contra ella para no sucumbir-Los ancianos ojos de la Directora se desviaron un segundo hacia Lena- Ella te arraiga, te aleja de esa negrura que tu mente acaricia. Por ello la necesitan. Para debilitarte. Para debilitarnos 

Lena aspiró con ansia. Estaba asustada. Por ella. Por él. Por un futuro compartido que percibía cada vez más lejano.
-Ryan…
Éste se volvió hacia el capitán.
-¡No, capitán! Una regente, una verdadera reina protege, es compasiva y…ama. Yo no lo siento así…nunca lo hice…aunque quizá ahora sepa la razón para ello.
Por primera vez desde que pasaron al otro lado se apreció rigidez en la figura femenina vestida de oscuro de la cabeza a los pies, antes de darles la espalda y dirigirse con imperturbable templanza  al capitán Robbins.
-La Tarnaca  utiliza a Lena para conseguir neutralizar a aquel que ven como una amenaza. Busca en la necesidad del guerrero, su muerte. No has de permitirlo…Como protectores de la Dandraara  deberéis protegerla en su guerra contra nuestros enemigos y si para ello debes impedir a la agente Bates acudir a la llamada de quien le dio la vida, hazlo.
Robbins apretó los labios con fuerza.
-¿Cómo impedir a  alguien  ir en busca de lo que necesita, de lo que le ha faltado toda su vida?
-Lo dejo en tus manos…capitán. No falles a la Cleda.

El airado juramento del capitán acompasó la desaparición de la pequeña figura mientras ellos permanecían incapaces de asimilar lo ocurrido, con las miradas perdidas en el espacio.

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Capítulo 17

No sabía cómo comportarse.

Deseaba gritar, de pura frustración.

La cerrada puerta que daba al baño de la habitación de Ryan hablaba de distancia, de intimidad y de…dolor. La vuelta de la visita con la Directora había transcurrido en completo silencio. Constantemente volvía la vista hacia el callado hombre que se mostraba tenso, centrado en sus pensamientos y un nudo cada vez más angustioso se le iba formando en el vientre.

El golpe había sido…despiadado.

Ni siquiera las expectantes figuras del resto de los agentes habían parado a Ryan. Como una bala había enfilado hacia sus aposentos, sin cruzar palabra con los demás, sin responder a las ansiosas preguntas de Carlson y sin volver un solo instante la mirada hacia atrás, hacia el lugar que ella ocupaba, a su retaguardia.

El tiempo discurrido en la tensa entrevista se le había antojado largo, temiendo incluso que las horas concedidas por sus enemigos se hubieran agotado. En realidad habían transcurrido apenas breves minutos.

Una perentoria necesidad en su interior le obligó a seguir el camino andado por Ryan, tras acordar con el capitán que quedaba en sus manos el decidir cómo obrar con la información  facilitada por la directora. Sinceramente…le daba igual. Lo único que le atormentaba era que el hombre que se había ocultado en el baño, lejos de su vigilancia, no quedara a solas.

Apoyó la palma de su mano en la fresca puerta que delimitaba la estancia que ocupaba Ryan. Del interior se filtraba el sonido del agua cayendo con fuerza, chocando contra la dura carne o las baldosas del suelo.

Nada más.

La empujó y una ola de húmedo calor la golpeó de frente. Apenas pudo distinguir en un principio a Ryan. Hacía tanto calor dentro que por un instante le costó respirar con normalidad, como en el infierno descrito por los humanos. Abrasaba los pulmones…

Poco a poco el irrespirable aire comenzó a evaporarse gracias  al fresco soplo de brisa que entraba del oscurecido cuarto que Lena había cruzado en un par de presurosas zancadas.

El espacioso suelo se encontraba cubierto por los revueltos y oscuros ropajes de su compañero. Lena  tragó convulsivamente. El desorden que exhibía el lugar mostraba el rabioso estado de ánimo de Ryan. La ira que lo inundaba.

Ni iba a ser fácil llegar a él.

Con la claridad que mejoraba la limitada visión que lo circundaba todo, se topó de lleno con la imagen de un desnudo Ryan bajo el chorro de presión de la ducha.

Quedó muda. 

La visión era borrosa  debido a las gotas que chocaban contra el cristal pero  ello no impidió que se le encogiera el estómago.

Se le veía hundido.

Un coloso…vencido.

En cualquier otra situación jamás le hubiera pasado desapercibida su entrada en el cuarto de baño y eso aterraba a Lena. Su pareja le diría que no le importaba, que no necesitaba ni quería un apoyo que nunca le había buscado, que no le había protegido. Que se había desentendido de él…

Palabras huecas.

Nadie mejor que él para entender la falta de una madre o de alguien que cuidara de uno…

Observó su propia mano posarse en la jamba de la puerta de la ducha, humedecerse con el vapor que se filtraba y se tragó sus miedos. No lo había pensado mientras se desvestía…hasta quedar en bragas y sujetador.

Con los ojos clavados en la tensa espalda de Ryan, entró sin vacilación.

La inmensa y turbia figura encorvada de su compañero, con los brazos extendidos y apoyados contra la pared y la cabeza inclinada entre éstos, bajo el chorro implacable del agua que resbalaba por su cabeza y su rígido cuerpo, la dejó sin habla. Literalmente e imposibilitada para avisar de lo que tenía intención de hacer.

Meterse en la ducha con el hombre que creía no necesitar en ese momento a alguien, que creía que esconder lo que sentía lo haría desaparecer, era la única opción que su mente veía viable.

Esconderse  no valía…

Apenas disponía de espacio para maniobrar ya que Ryan ocupaba con su forma gran parte de la pieza. El agua se deslizaba por esa dorada espalda hasta pararse un momento en su parte baja y coger velocidad al topar con la suavidad de esos redondos y rosados glúteos.

Dios santo. Ryan era puro músculo y…perfecto. Proporcionado. Siempre imaginó que desnudo sería hermoso pero su imaginación quedó corta. Muy corta.

El gigantesco y roto hombre seguía en su mundo, rodeado únicamente por sus pensamientos.

Alargó la mano que de inmediato quedó empapada en el cálido líquido hasta posarla en el ardiente hombro. Cerró los ojos instintivamente para evitar  que el agua los invadiera ya que al segundo siguiente se sintió aplastada de cara contra la templada pared de la ducha, presionado con extrema fuerza, con su brazo izquierdo retorcido a su espalda a punto casi de quebrar y el segundo punto de presión sobre su descubierta nuca.

Iba a hiperventilar y el vapor le ahogaría…

¡Ay, dios!

No podría desasirse. No siendo Ryan quien la sujetaba…
-¡Soy yo, Ryan! Soy…yo. 
Saboreó una pizca de su propia sangre del golpe contra las losetas de la pared y el suave temblor en la mano que le rodeaba la nuca cesó al completo. El enorme pecho se acercó, manteniendo la dura  inmovilización, aunque suavizándola.
El susurro le llegó entre el ruido, entre el sofoco que sentía  y entre el sofocante calor.
-Qué…coño…crees…que…haces.
-Suéltame.
No lo hizo, colocando sus pies a ambos lados de los suyos, rodeándolos por su parte exterior y ubicando su desnudo cuerpo cerca, muy cerca pero sin llegar a rozar el suyo al impedirlo su doblado brazo.
-Juegas con fuego, Lena. No…es…buen…momento ni lugar.
Con las palabras endureció el agarre obligándole a alzarse de puntillas.
-Déjame, Ryan. Sólo quiero 

Sintió la leve vacilación en esa mano colocada a su espalda pero se negó a empujar hacia atrás. Tendría que soltarle…

Su dolorida y semi adormilada extremidad cayó a un lado de su cuerpo y se preparó para volverse en el estrecho espacio. El roce de su antebrazo contra esos pectorales le aceleraron los latidos del corazón. La descubierta manaza de Ryan le pegó un suave empujón en el pecho que la pegó a la pared. La mano permaneció sobre su esternón. Inmóvil. Manteniéndolo en el lugar a modo de aviso.
-No necesito tu piedad.
-No pensaba dártela, Begirale.
Por todos los…
Le estaba costando un triunfo de titánicas proporciones no dejar resbalar su mirada por el frontal de ese asombroso cuerpo. Un inservible esfuerzo…
-Ni tertulia insulsa…
Lena ladeó la cabeza para frotarse el rostro tratando de desviar el reguero de agua que le impedía mantener los ojos abiertos de continuo.
-Vale…- vaya…con el agua-… Nos quedaremos quietos y sin hablar, bajo el chorro de la ducha. Tú mandas…

Con un ojillo semi abierto observó los carnosos labios apretarse y una de las comisuras alzarse levemente. Ese alucinante cerebro comenzaba a planear algo.
-Preferiría hacer…otras cosas.
El  corazón de Lena votó alocado.
-¿Enjabonarnos?
La ronca risa fue como el alivio al sentir el calmante bálsamo sobre una reciente quemadura.
El cuerpo masculino se aproximó un paso hasta el punto que al rebotar en su cuerpo, el agua salpicaba la extensión de ese inmenso pecho.
-¿El uno al otro?-el hermoso y empapado rostro se inclinó hacia ella para susurrar.
-Así no dejamos huecos sin limpiar…querida.

Le iba a dar un…vahído.

Esa ronca voz estaba yendo directamente al centro de su mente y a su corazón y aunque admitiera que era pura cobardía, tampoco se atrevía a centrar la mirada en la entrepierna de Ryan.

Entonces se dio cuenta…oculta tras las gotas que caían de esas curvadas pestañas.

La sonrisa no alcanzaba a esos claros ojos…

Sin vida.

Dios…debía lograr que hablara. Aunque recibiera un buen golpe en plena cara.
-Ella te respeta, Ryan. A su manera. Lo que te dijo…
El rostro se le endureció al macho que le cerraba el acceso  a la entrada y los fuertes dedos flexionaron contra su pecho, justo antes de darse la vuelta en dirección a la mampara de salida de la ducha.

No, no, no…

No pensó. Sencillamente reaccionó.

Se lanzó hacia adelante y le colocó las manos en las caderas, ofreciendo con ellas suficiente resistencia a su avance.

Eso paró a Ryan. Un segundo…y otro…y otro…

Sus ojos permanecían a la altura de esa nuca cubierta por el empapado pelo negro. Resultó casi como presenciar un baile. La ondulación de los fuertes músculos, la falta de movimiento debido a la completa rigidez, la paulatina relajación…la dureza de la cadera a su alcance.

Se  iba a exponer al completo. Ante el compañero que creyó odiar…
-Puedes engañarte a ti mismo, Ryan pero no lo intentes conmigo. Aíslate del resto si lo deseas pero no de mí. Háblame, Ryan…
Su cuerpo permaneció en la misma dirección. Sólo su rostro se giró levemente hacia ella.
-Lena, te lo repito…juegas con fuego y si permaneces aquí, arderás conmigo.

Maldita sea.

Sabía perfectamente a lo que se refería. Bullía tanto odio, rabia, ira y desesperación dentro de esa mente, de ese cuerpo que en cualquier momento iba a estallar.
Lo único que quedaba por decidir era si estaba dispuesta a reventar a su lado y que la arrastrara con él.
-Ardamos juntos, entonces.
La brusca aspiración de aire se apreció incluso entre los ruidos que los rodeaban. De un fluido movimiento Ryan se volvió.

Estaba completamente erecto.

Y por los cielos…era enorme. Más de lo imaginado.

Una dura mano agarró la suya retirándola de la recia cadera masculina y la dirigió hacia su miembro. Parecía arder, las inflamadas venas perfilándose con precisión en toda su extensión y a punto de explotar. Su mano parecía pequeña en comparación. Los dioses… Una pizca de aprensión se coló en su pecho…

Con sus propios dedos, Ryan estiró los de Lena  alrededor de su miembro e hizo que envolvieran esa dura suavidad. Apretó la carne, sintiendo su mano rodeada por la  que cubría la suya, temblorosa. Los muslos de Ryan se tensaron. Su pecho ascendía y descendía con rapidez.
-No habrá salida una vez digas que sí, mujer. No la habrá…
Lo miró directamente a los ojos.
-No la querré…
 
Un tren arroyándola no la hubiera fascinado tanto. Rápido. Ansioso. Ávido por ella.

La planta de uno de sus pies resbaló en el deslizante suelo con el desplazamiento generado por el choque pero apenas fue una fracción de segundo. Al siguiente se encontró emparedada entre las losas de color oscuro que cubrían las paredes y el voluminoso cuerpo. No se contenía. Ryan había perdido la poca sujeción que le quedaba en su interior. Desbocado como un indomable pura sangre.

Las manos le rodeaban el rostro arqueándolo ligeramente y el agua se vertía  sobre ellos, ya templada. Las sensaciones…

Las sensaciones eran enloquecedoras. Más que besarse se asemejaban a dos luchadores. Empujó con la pelvis contra ese duro bulto para cambiar las posiciones, brotando de labios de Ryan un gemido bronco. Quería tenerlo contra la pared. Quería…

Sintió el mordisco en el cuello, el ardor al sentir esos colmillos rasgar la piel, la mano de Ryan bajar lentamente, deslizando las yemas  por su cuello, la sensitiva clavícula, arañar el pezón, despertándolo para él. Su lengua lamiendo su labio inferior.
-No pararemos, Lena.
No contestó salvo para emitir un apagado gemido de placer.

El frenesí volvió. Las caricias se extendían por todo su cuerpo y no lo comprendía…no entendía esa familiaridad.

Aspiró bruscamente y se golpeó la parte posterior de la cabeza en los azulejos. Esa fuerte mano había apartado con brusquedad la empapada ropa interior y se había encaminado directa a la unión entre sus muslos. Le masajeaba con parsimonia y comenzaba a sentir una acariciante y constante  presión sobre la entrada a su cuerpo. Le iba a penetrar…pero no lo hacía. Sencillamente la volvía loco con ese dedo.

Apretó sus muslos, fuerte y la mano hundida entre ellas detuvo sus movimientos.
-Dolerá si no te preparo, Lena.
Joder…le daba igual .Quería sentir de nuevo ese placer. Lo único que tenía claro era que esta vez iba a dar tanto como a recibir placer.
 Con la mano que cubría a Ryan, inició una desquiciante caricia. Recorría con sus yemas  su miembro, similar a un cosquilleo. Lento.  Turbador. Rozando y soltando, sin presionar. La mano de Ryan, que aún cubría la suya apretó en un ademán desesperado pero lo ignoró.
-Fuerte…
La súplica de Ryan casi lo hizo desistir y apretar pero esperó. Continuó con el liviano tacto.
-Joder, mujer…
Aspiró con brusquedad al sentir la invasión de la yema de un dedo cruzar la entrada a su cuerpo  y se endureció tratando de obstaculizar el avance.
-No…te…tenses.
Diablos. Fácil de ordenar  pero complicado de cumplir. La última vez el placer que sentía suavizó el dolor de la entrada. Esta vez era diferente…
Sintió la repentina intrusión y el dolor que poco a poco acompañaba el deslizar del dedo. Ni en sueños entraría el enorme miembro de su compañero, si incluso con un maldito dedo, dolía.

Más adentro, y más… hasta que los nudillos toparon con la carne.

Lena tragó saliva y agua. De la repentina impresión al sentir el largo dedo en su interior, pegó un buen apretón con la mano que rodeaba la endurecida verga del macho, causando que Ryan reaccionara tensándose y con él, su dedo, que pareció curvarse en su interior…
-Dios…
Ahí estaba de nuevo. Esa presión, ese pico de placer que le aflojaba las piernas, debilitándoselas para sostener su peso.

Iban a caer al duro suelo si seguían así.

Los labios de Ryan golpearon los suyos y notó que tiraba de ella, al tiempo que escuchaba el veloz deslizar de la mampara. El dedo se había retirado de su interior y la situación era una verdadera locura. Con torpeza, tropezando el uno contra el otro, entre resoplidos que más parecían corresponder a dos adolescentes que a dos personas con más de medio milenio a sus espaldas entre los dos, cayeron sobre el suave edredón que cubría el ancho lecho.

Ryan a horcajadas sobre ella. Hermoso. Excitado.
Su jodida mirada lo decía todo.
-Quédate conmigo, mi  Lena.
Alzó las manos con rapidez y de pura necesidad  lo bajó hacia ella hasta sentir su peso sobre toda la largura de su cuerpo y le dio el beso más tierno de su existencia. Se recrearon el uno en el otro.
 
        Sencillamente se amaron con sus bocas y con sus cuerpos.

        Con sus miradas.

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Perdido en esos ojos castaños. Completamente…

Se sentía desnudo pero no vulnerable. Sólo con ella 

Ese beso…Virgen Santa, ese beso había sido único. Con él recibió de su mujer todo aquello que buscaba sin saber…no, sin querer admitir que finalmente lo tenía a su lado.

Las manos de Lena eran duras y al tiempo suaves y las sentía calientes sobre su cuerpo. Perfectas, descendiendo hasta el lugar que temía que viera, que temía que le repugnara. Su pecho paró de respirar al sentir que tanteaba al principio, que le rozaba con el dorso de esos dedos para investigar con las yemas, con toda la extensión de su mano, su espalda.

La odiada maraña de cicatrices.
No los retiró.
-Eres perfecto…para mí eres perfecto, Ryan. 
Paralizado.  
Temer escuchar otras palabras y no oírlas…

Temer respirar repugnancia de la mujer que susurraba palabras de amor en su oído y que no llegaran….

Sonrió en la oscuridad. Por primera vez en su vida iba a amar a aquella a quien quería. Con plena libertad. Sin ocultarse…

Apoyó todo el peso de su cuerpo sobre el femenino y…se restregó. Estaban resbaladizos por el agua, el vapor, el sudor, los fluidos  y se sentía delicioso.

Se deslizó hacia abajo mientras se incorporaba levemente. Por un momento sopesó frotarse simplemente contra el curváceo cuerpo pero la necesidad de sentirse envuelto en el opresivo calor interno de ese cuerpo casi lo hizo perder el raciocinio.

Le era imposible esperar más.

Con suavidad, para disminuir el dolor que sabía inevitable, adentró una vez más un dedo en el interior de Lena, no permitiéndose parar ni un instante, ensanchando con parsimonia el estrecho canal. Dios…tan estrecho que imaginarse dentro… Acompasaba la lenta entrada con  caricias. Le encantaba mirar esos iris mientras se iban nublando progresivamente con el aumento en los roces, en las caricias. De una pasión a nada comparable.

Excitarla  le hacía perder la poca cordura que le restaba. El incremento en la tensión la iba percibiendo con lentitud, en la tirantez del cuello, el agarrotamiento de los muslos que cubría con su propio cuerpo, la curvatura de los empeines. Deseaba que se corriera bajo su peso, en su mano para despertar de nuevo ese deseo. No se cansaba de observarla.

Los gruñidos anunciaron que ella estaba a punto de estallar y eligió ese exacto instante para introducir un segundo dedo, masajeando su interior, frotando ese lugar que ya tenía localizado.

El grito de placer de  Lena le supo a gloria. Su mano derecha marcaba una hermosa danza con la más menuda de su compañera. La otra no cejaba con el movimiento de sus dedos. Los extrajo para ubicar la mano en la cara interna de su muslo y empujarla a un lado.

Por las escrituras…tenía que abrirla para él.

Lena se dejó hacer hasta abrirse de muslos completamente, dejando la entrada a su cuerpo desprotegida, confiando en él sin condiciones. El corazón le dolió…
-No…habrá…marcha atrás, Lena.
Una apacible y hermosa sonrisa le dio el consentimiento que necesitaba para continuar.
Con amabas manos sujetó esos fuertes muslos pero no sin antes depositar un suave beso en esos entreabiertos labios y runrunear a su oído.
-Gírate, amor.
Con inquietud pensó que había errado en la elección de palabras al recordar la manera en que ella reaccionó la última vez que le hizo la misma petición.

Joder…

Esta vez, Lena no dudo un segundo en hacer lo que le pedía, mostrando a sus ansiosos ojos toda la inmensa extensión posterior de ese cuerpo que le obnubilaba su fría y lógica mente.

El cuerpo femenino no iba a estar más preparado o relajado de lo que estaba en ese momento por lo que se posicionó a la entrada. No empujó aún…

La urgencia por memorizar con el tacto esa dureza  y esa suavidad pudo a la ansiedad por enterrarse en ella. Posicionó sus rodillas entre las de su pareja y apoyó su cuerpo sobre su espalda, sintiendo cada curva, cada tendón…ese trasero contra su endurecido pene. Se amoldaban a la perfección. Acercó los labios al oído femenino, lo acarició con la lengua y habló, bajito. Un casi imperceptible estremecimiento recorrió la espalda de ella.
-Ábrete para mí, Lena.
La exhalación de cálido aire acompañó al movimiento pedido.
Los muslos femeninos se extendieron a los lados otro poco más, dejándole espacio suficiente para posicionar la brillante e inflamada punta del pene contra la carne. Su mente escuchó la pizca de miedo en ella al sentir contra su entrada la gruesa y resbaladiza cabeza.
 
         Empujó porque si no lo hacía...

Ella  estaba tensa por lo que acarició una de sus nalgas y se inclinó para depositar suaves besos en el cuello, en ese lugar bajo al lóbulo de la oreja que lo hacía estremecer. Así fue…

Lo lamió y el cuerpo tendido bajo él se relajó una fracción, lo suficiente para que su miembro sobrepasara el tenso círculo de músculos que hacían de barrera y protegían su cuerpo.

El gemido ahogado que brotó contra los almohadones se dirigió a su miembro como si conociera perfectamente lo que le hacía reaccionar. Joder…esos gemidos que surgían de ella, mezcla de placer, dolor y desconcierto iban a ser su perdición.

Tan prieta a su alrededor. Tan caliente. Tan…suave 

Presionó hacia el interior. Lentamente pero sin parar. Centímetro a centímetro. Si no lo hacía, si lo pensaba dos veces, se arriesgaba a hundirse de golpe en ese canal que lo llamaba a gritos.

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Era inmenso, tanto que pensó que si no paraba llegaría a su estómago.
-No puedo más, Ryan. Demasiado lejos, demasiado…dentro. Duele. No…
Temblaba y con su cuerpo, también su voz. Le parecía que los minutos se convertían en horas desde que él había comenzado a penetrarla. Entonces notó la presión del bajo vientre de su macho contra sus nalgas. Sin moverse, dándole tiempo a acomodar esa dura extensión.

Sudaba pese a estar húmeda de la ducha. Los músculos iban punto de estallar de la presión. Interna y externa. Parecía a punto de romperse por dentro…

Ryan le abrió los muslos otro poco más con las rodillas y casi se desmayó de la impresión. No podría entrar más, sin desgarrarla. Respiró profundamente.  Rendirse no estaba en su mente pero… ¡La virgen! Ryan era inmenso y si seguía avanzando, si seguía…. Cerró los  ojos para no sentir, como si con el sentido de la vista desapareciera parte de la brutal presión que tenía entre las piernas. Sus manos estaban destrozando los almohadones a su alcance y aferró entre los dientes la suave tela. Era eso. O…gritar. De dolor…de placer al disminuir poco a poco las punzadas de dolor…

No pudo evitarlo…

Rió suavemente imaginando la expresión de Harris al saber del estado en que había quedado la ropa de cama...sin percibir que se tensaba alrededor de Ryan.

El gruñido que brotó a su espalda la sorprendió, tanto como el caer del peso sobre su espalda y ver los brazos de Ryan doblarse a ambos lados de su cabeza. El descenso del peso lo impulsó un poco más hacía dentro provocándole un pico de dolor y temblores por todo el cuerpo para sentir a continuación otro picotazo de desconcertante placer. Su propio miembro se hinchó en respuesta.
-Dios, Ryan. Haz…eso…de nuevo….
La placentera y satisfecha risa nacida de ese pecho reverberó en su espalda, en su trasero.
Aspiró profundamente al sentir que Ryan se retiraba casi completamente de su interior para hundirse de nuevo cuan larga era. Dios…hasta el  fondo. Sin parar. Hasta que el tope de su carne le impedía ir más allá. El desgarro de la tela que asía entre sus manos era un hecho anunciado, viéndose rodeado de blancas y esponjosas plumas.

El placer que volvió a  sentir al final, al notar el brusco choque de la pelvis contra sus nalgas, la mareó ligeramente. La suavidad había desaparecido dejando pasa a la necesidad. A la desesperación.

¡Joder!

El muy endemoniado comenzó a moverse contra ella, formando amplios círculos con esas caderas que no le dejaban ni respirar. Que aunque pareciera imposible, la dilataban lentamente para dejar un espacio que de inmediato llenaba su guerrero. Se retiró una tercera y una cuarta ocasión, con más vigor y volvía a pasar por ese lugar que le causaba extremo placer, que la excitaba nuevamente, que deseaba que rozara una y otra vez y él lo sabía y lo hacía…

El roce de sus colmillos completamente desplegados la tomaron por sorpresa y apretó sus entrañas contra esa invasión que le dejaba sin fuerzas.

Se ahogaba en las sensaciones que le provocaba el cuerpo de su pareja.  

Se sentía plenamente amada…

El ritmo decadente y erótico incrementó el tempo hasta convertirse en una insana locura. Todo era una bruma de placer. Sus roncos sonidos, que brotaban de sus entrañas se emparejaban con los bajos gemidos, con los apasionados besos de Ryan. Con las vehementes caricias de sus manos y el brusco choque de su cadera contra sus nalgas. No sabía bien dónde terminaba uno y comenzaba el otro. Quizá el límite se había esfumado junto con sus dudas, sus miedos y sus temores…

El uno para el otro.

Al menos durante una maravillosa noche que quedaría grabada en los poros de su piel, en sus retinas, su olfato, su sabor. 

 Y…en su corazón.

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1 comentario:

María Guadalupe Bejar Bejar dijo...

WOWWWWWWWWWWWWWWWW! que intensidad de capis, me ha gustado bastante
Solo espero que Lena no se entregue a su enemigo por que la reacción de Ryan puede ser semejante a una ecatombe....Estoy deseando saber masssssssssssss
Que descanses y que pases una buena Semana Santa
Besos y abrazos