PUBLICACIÓN DE LA HIST DE JULIA-DOYLE.

Hola a tod@s: Este blog está dedicado a las historias románticas originales que forman la saga de crimen, peeeero no están disponibles debido a las bases de un Certamen al que me voy a presentar. Lo siento mucho!!!!!!
La primera de la saga es: "Amor entre acertijos"(la hist de Mere/John) La segunda es : "Amor entre lágrimas"(la hist. de Julia/Doyle)

PODÉIS LOCALIZAR EL FIC "Enemigos",en el enlace marcado como tal. Es un fic Vishous/Butch,basado en la saga de hermandad de la daga negra. Por el momento es el único disponible para leer en el blog....

sábado, 14 de abril de 2012

un descansillo....

Hola chic@s: Voy a dejar el blog abierto porque lo preferís la gran mayoría  y además, quién sabe, quizá más adelante.....
Bueno , en primer lugar voy a dejar aquí el mensaje que puse en los comentarios del cap. 8 de amor entre las sombras. Lo cambio de lugar porque como amor entre las sombras está sin terminar aún , la voy a retirar del blog mientras la escribo, lo cual tengo toda la intención del mundo de hacer peeero con sosiego y tranquilidad. Estas dos semanas de descanso me han sentado taaaan bien...

Otra cosilla. Gracias. Millones de gracias a todas las que os habéis interesado, a las que habéis dejado  comentarios y mensajes en el cbox o en mi mail. Sois increibles. Total y completamente increibles. MUCHAS GRACIAS.
Os mando muchos abrazos y ahora sí, allá va la copia del mensaje:
"Ayyy , chicas…no sé cómo empezar y no quiero hacerlo de sopetón. Ante todo lo siento mucho, mucho pero voy a hacer un parón en mi vida de locos o al menos me lo voy a tomar con más calma (me están saliendo canas!!!!). Bueno, a lo que iba , hace más de medio año cambié de lugar de trabajo, el cual me chifla pero me absorbe tanto, tanto tiempo que no llego a todo y me estoy agotando. En pocas palabras, el tiempo que tenía antes para traquetear , voló y el trabajo no se puede dejar aparcado…. El caso es que la novela de los bomboncillos está en mi cabeza y fluye sola , PERO me falta tiempo. Antes el trabajo me permitía escribir todos los días aunque fuera un poquillo. Ahora llego “desfondada “a casa y bastante tarde y me traigo más trabajo a casa!!!! Y lo que a veces apetece tras terminar derrengada es tumbarse a la bartola con un buen libro. No podría recordar la última vez que me he leído un libro de una sentada o ver una peli de un tirón o…y lo necesito. Lo echo en falta . En pocas palabras, el tiempo que tenía antes para escribir con tranquilidad, voló y estoy haciendo verdaderos esfuerzos para actualizar la novela cada dos semanas, pero me cuesta cada vez más porque el cansancio se va acumulando y me va a dar un jamakuko en cualquier momento…. Si la novela ya estuviera escrita sería la gloria porque no me supondría ningún esfuerzo ir publicándola como hago con”amor entre lágrimas”, en el rincón peeeeero…. Una locura… Eso sí, os prometo que voy a seguir escribiendo porque la novela de los bomboncillos no puede quedar a medias. Al fin y al cabo los bomboncillos son los bomboncillos… El blog no sé si lo voy a dejar abierto porque no tiene casi movimiento últimamente aunque creo que me daría algo de penita quitarlo. Y eso que me ha dado y me da bastantes problemillas. En eso sí que estoy dudando… no sé, nunca está de más dejar el blog por si quisierais dejar ahí mensajes o lo que sea….como recordar viejos tiempos… ¿Qué preferís vtras? Además, no todo es malo. Al fin y al cabo, “amor entre acertijos” ya está en el rincón de la novela romántica y estoy colgando por capítulos “amor entre lágrimas”. Ya tenemos un espacio en el que comunicarnos y sobre todo, que en el rincón hay un montón de novelas inéditas de otras alocadas que como yo se lanzaron de cabeza a la “locura” de escribir, jejejej y están geniallll. No es que vaya a desaparecer del mapa de repente. Sólo cambio de lugar de residencia…. Para cualquier cosa ya sabéis mi e-mail y como voy a seguir escribiendo la novela (eso si, sin que me salgan canas del stress), cuando la termine la colgaré en el rincón de la novela romántica, como he hecho con las dos anteriores…así que de todas, todas y tarde o temprano allí aparecerá… Ya lo siento, chicas sobre todo por los comentarios que habéis dejado diciendo que se os hace larga la espera hasta el siguiente capítulo pero es que se me están agotando las fuerzas… De todos modos según vaya terminando los capítulos (no prometo cuando), si os interesa os los puedo enviar por mail (que creo que tengo los correos de un montón de vtras) . Si fuera así, con que me enviéis un correo lanzándome un SI, ya sabré lo que es y cada vez que termine un capi nuevo, os lo mando, os parece??? No os enfadéis conmigo pero era esto o desaparecer del mapa por agotamiento total y nunca he sido una cobardica que no dé explicaciones a quienes las merecen , sobre todo a vtras… Un abrazo inmenso y con mucha penita de la mala malísima…. Bego"

HASTA LA VISTA y si queréis nos vemos en el rincón....
Bego.

martes, 27 de marzo de 2012

chicas, he dejado un comentario en el último capítulo. Leedlo , por fi....

lunes, 20 de febrero de 2012

breve adelantillo capit 6

Allá va un pequeño adelantillo. Besitos a tod@s.

"
-Pero él me miró y creyó que era ella, Marcus. En algún momento la hubo de tratar. Habla de ella con cariño y…
-Elora…
-como si hubiera sido hace poco…
-Mujer…
-Si Claire está ahí fuera necesito…
-No.

Esa mirada enfadada se clavó en él. Dolida.
-No digas eso.
-Alguien ha de hacerlo, mujer.
-¡no seas tú, entonces!
El desgarro en la última frase lo impulsó a acercarse dos pasos hasta quedar sobre las dos figuras abrazadas, agachándose a continuación.
-Sólo sufrirás, mujer..."
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"
La brusca exclamación de Rob a su derecha se unió en ese mismo instante a la llegada de un grupo de personas entre las que estaba el subdirector del hospital, un par de celadores de aspecto brutal , dos desconocidos y esa mujer, la enfermera  Mayers. Por el momento él era el más cercano al médico y mientras los angustiados ojos del hombre se clavaban en los suyos al tratar de apartar sus manos para soltarle él mismo el cuello de la cerrada camisa y entrara más aire por su garganta, esa mirada…
Dios …
Esos ojos reflejaban lamento. Y  arrepentimiento.
Con dificultad despejó su cuello al tiempo que ..."
-----------------------------------
"
Si le observaban…no…podía…desnudarse. Nop. Imposible del todo. La cuestión era plantearlo sin que se mofara de él y de sus pudores semi virginales. Dios…que mal sonaba eso.
-Pillarás una pulmonía, pecoso, ahí quieto como un poste. Ya te he calentado el lecho.
-No puedo.
Las definidas cejas se alzaron y un brillo sospechoso inundó esos ojos.
-¿No puedes moverte, no puedes pillar una pulmonía o no puedes…?
-¡No puedo desnudarme con gente delante!
-Sólo estoy yo..."
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PD:me estoy divirtiendo muuuucho en este capit con ross y clive, ejejeje

martes, 14 de febrero de 2012

Me han publicado on-line!!!!!!!

Chicas, que me han publicado"Amor entre acertijos" on-line ,en una de las web dedicadas a las novelas románticas más famosas de la red, si no es la más famosa. En la web del Rincón de la novela romántica. En ésta, hay un subapartado(muy apartado) donde las foreras pueden colgar sus escritos y ni corta ni perezosa allá me lance...
Qué demonios...nada tenía que perder!!!
Hace poco me llevé un susto morrocotudo cuando el equipo del rincón me mandó un mail preguntando  si me interesaba aparecer en la página inicial, dentro de las novelas-online. Como para decir que no, jejejeje...han sido un verdadero cielo...y ya está publicada!!!!!

Os dejo el enlace por si os interesa entrar , dejar algún comentario que os agradecería en el alma (xq me han dicho que puede que entren a cotillear las editoriales) o ver la portada( que a mi me chifla y me la ha hecho MI HERMANO!!!!!, jejeje) Pobrecillo , le he cuasichantajeado emocionalmente para que me la hiciera....

Tengo unos nervios encima que no me tengo....

PD: ya voy poco a poco con el ss capit.
Muchos besos  a todas...
La mala.

ENLACE:  http://www.rnovelaromantica.com/portal/index.php/novelasonline/item/amor-entre-acertijos?category_id=835

Os dejo tb la dirección de la página principal de la web del rincón , en la que también han colocado la novela, hacia la parte de abajo:  http://www.rnovelaromantica.com/portal/

sábado, 14 de enero de 2012

fallo del blog!!!

siento el susto, chicas...a las q me habéis mandado correo ya os he contestado...
No sé qué demonios hice o ha pasado pero al intentar entrar en blogger me ponía"oops , el enlace está roto"!! y al intentar entrar enla página me daba fallo en no se qué de la configuración de mi ordenador , que a todo esto está un poco carraca y cualquier día  "se caput"...
Peeero parece que ya está arreglado(con un poco de ayuda externa, gracias a dios...).Al menos, eso espero porque ha sido un completo desastre y no tengo ni idea de ordenadores pero me encanta traquear en las entrañas y luego pasa lo que pasa...
Lo siento mucho , chicas...

PD: Si me vuelve a fallar o véis que no aparezco por el blog es que el ordenador se me ha ido al carajo y está en la tienda de ordenadores para arreglarlo(es un dinosario y ya le cuesta incluso arrancar pero le tengo mucho cariño...) Mi hermana me dice que le ronda un virus al pobre...

Bueno, a ver si después del susto, a la tarde, con un poco de tiempo, cuelgo el segundo capit de los bomboncitos, vale???? Besos a todas

domingo, 8 de enero de 2012

Capítulo 1 de "Amor entre las sombras"

Bueeeno, ya estamos de vuelta con…la tercera de la saga “Amor entre las sombras”. Está visto que no me puedo estar quieta y sin traquetear…
Espero que las navidades hayan ido a las mil maravillas!!! Y las hayáis disfrutado muuucho.
Como lo prometido es deuda allá va el primer capítulo.
Jejejeje, en cuanto leáis la primera escena vais a saber quiénes son los protagonistas y espero que os agrade a quienes he elegido esta vez, aunque os juro que me costó decidirme!!! Mucho!!!
Ayyyy, chicas , menudo vicio he cogido con esto del blog. Ufa!!!pero es tan divertido…y es que me lo paso genial con vtras. Colgaré lo capits cada fin de semana , si he conseguido escribirlos durante la semana o si no , cada dos fines de semana, vale??? Así no me agobio  con el trabajo y todos los demás jaleos en los que suelo estar metida…

Bueno y ahora lo que interesa… el capit. Espero que os guste…y me encantará saber si es así. Os mando a todas muchos besos y abrazos y me encantará saber de todas vtras…

Capítulo 1

El aire se sentía gélido en la menuda habitación.

O quizá sólo lo percibiera en el mismo centro de sus cansados huesos. La inmóvil posición que mantenía desde hacía un par de horas, sentado encorvado de lado ,con un codo apoyado en la mesa de la cocina de su hogar y el cuerpo reclinado contra el duro respaldo de la silla comenzaba a hacer mella en él.

Desesperado.

Esperando en silencio noticias. Las mismas que podían arruinar su futuro. Su vida…
Tras un par de segundos decidió desviar la mirada de la alta  y corpulenta figura que acaba de cruzar ante su mirada, optando por cerrar los ojos. Los paseos de Peter  alrededor de la mesa de la cocina  comenzaban a marearle.

Cuatro meses.

Ciento veintidós días con sus largas horas, minutos e interminables segundos.

Permanecía tanto tiempo en guardia a lo largo del día que las fuerzas disminuían de manera prácticamente  inapreciable pero ahí estaban las inequívocas señales. En el agarrotamiento de los músculos, en las esporádicas jaquecas y en sus discusiones con Peter, cada vez más frecuentes y agrias. Seguía tan terco como el día en que se conocieron y con la edad esa cualidad no hacía sino aumentar y de rebote conseguía desquiciarle sus desgastados nervios. A la desastrosa situación se había unido su reciente obsesión por no perderle de vista desde el amanecer al anochecer y su más tensa discusión hasta el momento la había originado el esquinazo que había conseguido darle, hacía escasamente una semana. Se sentía… apabullado.

Gracias a los cielos había descubierto la forma perfecta de relajarse, dándose gloriosos masajes a sí mismo, con las yemas de los dedos y empleando ambas manos. En el cuero cabelludo, logrando unos efectos inmediatos y variados. Una sensación apabullante de plenitud y una cabellera completamente enredada, enmarañada e imposible de peinar. Aunque eso era lo de menos.
Lo esencial en esos momentos era relajarse y resistir sin abalanzarse sobre la espalda de Peter a que llegaran los demás.

Deslizó los índices hacia la zona de las sienes e inició un suave movimiento en círculo, manteniendo  los ojos cerrados y aspirando profundamente. Lo logró durante un rato hasta percibir el calor de unas duras palmas sobre los laterales de su rostro. Si alzaba los párpados en ese momento sabía lo que iba a enfrentar. Un hermoso rostro masculino, de rasgos marcados e insondables ojos negros, surcado por una irregular cicatriz.

El hombre que era su mejor amigo. El hombre que de una extraña manera le había robado el corazón y el mismo con quien últimamente no parecía poder entenderse. Por mucho que lo deseara...

El calor que desprendía el inmenso cuerpo indicaba que Peter se había colocado  cerca, muy cerca. En su mente lo visionó a la perfección, arrodillado frente a él mientras esperaba con paciencia a que abriera los ojos para decir aquello que pasara por su mente. Por un pequeño instante sopesó la posibilidad de seguir con el suave masaje e ignorar las señales que emanaban del cuerpo  ubicado junto a él pero la presión ejercida por esas cálidas palmas se incrementó, a modo de aviso.

De seguido le siguió el grave y ronco tono de voz.
-No importa lo que ocurra, Rob…
Abrió los ojos para clavarlos en los de Peter. No podía estar hablando en serio.
-Saldremos de esta…como siempre.
Las malditas palabras generaron tal presión en su interior…
Hacer lo que Pete anunciaba equivalía a seguir…buscando.Habían transcurrido cuatro meses desde que el hombre que casi arruina sus vidas había escapado deslizándose de entre sus dedos, a través de un maldito ventanuco de barco. Sin una pista para seguir, sin  nada a lo que aferrarse salvo la ponzoña dejada atrás con su tacto y las maniobras que desde las sombras desgranaba contra ellos.

Lentamente lo había acorralado.

En su propio mundo que consideraba intocable. No terminaba de comprender cómo había conseguido inculparle.
        
Dos meses después del rescate  de Julia y Elora Robbins, sus superiores lo habían llamado y había dado inicio una pesadilla que parecía alargarse en el tiempo.

Los hermanos Bray lo habían comprado

Una escueta acusación surgida de la nada que había provocado que todas las acusadoras miradas se lanzaran en su dirección salvo la del hombre que ,según sus superiores, casi había perdido la vida por sus maniobras al otro lado de la ley. Clive Stevens había repetido, gritado y discutido hasta quedar ronco, pero le ignoraban. En la última sesión de declaraciones había alcanzado a llamar estúpidos imberbes ignorantes a aquellos que se tragaran la patraña que discurría entre los cerrados y estirados pasillos de Scotland Yard.

Robert Norris no era un traidor al cuerpo de policía.

Ese hombre, leal hasta la médula, había jurado, so pena de perder su cargo de superintendente, que el soplo a los Bray para dar con su hogar y atacarle no lo había orquestado Rob Norris, sino Martin Saxton con la connivencia de los Bray y aquel que no quisiera verlo era un ciego sabelotodo, a sabiendas de ello.
A quien debían localizar era al hijo del Duque de Saxton, el cual pese a la creencia de que había fallecido en el asalto a la prisión de Wandsworth, seguía vivo, rondándoles y era extremadamente peligroso. Que el maldito cadáver identificado como el suyo no era tal aunque se asemejara en la forma  y en los destrozados rasgos. Stevens repetía hasta la saciedad que dejaran de perder el tiempo con fantasmas, que debían organizar la búsqueda de Martin Saxton pero…le ignoraban descaradamente.

Optaban por ignorarle y él…no podía hacer absolutamente nada, salvo esperar la decisión que llegaría en cualquier momento.

Sintió como un aleteo el deslizar de la yema de un pulgar por su fruncido entrecejo. Dios…sentía tanta rabia e impotencia en su interior que sabía que lo estaba pagando con los más allegados.
Con su bendito padre.

Con Peter…

Pero no lo entendían.

Peter no terminaba de comprender que si lo condenaban como policía corrupto, esa mancha se extendería sobre aquellos que lo rodeaban. Era tozudo y se negaba  en redondo a recular pero su vida, los negocios que tanto les había costado a él y a Doyle levantar de la nada podrían derrumbarse como un maldito castillo de naipes por un repentino y amargo soplo de brisa.
Puede que el proceso disciplinario no hubiera adquirido una gran trascendencia en los ecos de sociedad pero las filtraciones no faltaban y alguna pequeña reseña había aparecido en prensa. Los negocios se basaban en muchas razones pero los que merecían la pena, los duraderos, lo hacían en la honradez y el buen hacer, por lo que él no permitiría que todo aquello que Peter había ganado con esfuerzo, lo que los hermanos Brandon habían obtenido a base de sangre, sufrimiento y tenacidad lo perdieran en un jodido segundo. Por su culpa. No lo haría y…debía hacérselo saber aunque con ello se arrancara un parte de su maltrecho corazón.

Abrió los ojos.

Joder…era hermoso.

Oscuro y hermoso y… ya no recordaba el tiempo en que al mirarlo sólo veía a su mejor amigo. Había llegado un momento en que dolía imaginar la vida sin él pero ésta no siempre le ofrecía a uno lo que más deseaba.
Para su desgracia…rara veces lo hacía en su caso.
Tragó saliva para prepararse. Porque Peter pelearía como en otras ocasiones en que había tratado de hacerle ver, de…hacerle entender…
-No puedo seguir así, Peter…
El frío se incrementó en un segundo al apartarse esas inmensas manos de su rostro y erguirse la formidable figura, quedando en pie a su lado, mirándole desde lo alto.
-No.
Una simple palabra que encerraba un mundo de respuestas.

Desvió un segundo la mirada hacía la puerta de entrada a la cocina desde el exterior. La misma puerta en la que la palabra traidor había aparecido pintada en un llamativo color rojo dos días atrás ,destrozando una parte del orgullo que siempre había sentido al pertenecer a un cuerpo que adoraba y por el que había dado gran parte de su vida y su sangre. Traidor…
La misma puerta que no tardaría en cruzar Clive con Doyle, acompañados de su padre tras conocer el dictamen emitido por la junta disciplinaria.

         A él le tenían vedado el acceso a dependencias policiales, dejándole en la oscuridad. Obligándole a esperar.
Respiró hondo para calmarse y bufó suavemente. Como si eso fuera posible, tal y como estaba su ánimo. Acorralado y a un paso de doblegarse como todos esos hijos de la gran puta esperaban. Se sentía tan impotente…

         Lo único que tenía claro era antes de que traspasaran esa entrada debía dejar las cosas en su sitio con Peter aunque lo enfureciera.
-No es decisión tuya, Peter.
-Lo es. En parte lo es…
-¿No lo entiendes? No permitiré que te hundas conmigo. Ni que todo lo que has conseguido desaparezca por mi culpa.
-No será así.
-Eso no lo sabes.
-¡Lo sé!
Dios…condenado tozudo…
-Dime que no has recibido preguntas insidiosas acerca de nuestra amistad de un par de clientes y…lo dejaré estar.
-No lo he hecho.
-No es cierto. Mírame a los ojos y dime que Merron Davers no ha amenazado con irse a la competencia…
-¿Y qué? Es un joven y pretencioso idiota que no sabe que la competencia lo hundirá en la miseria y que debiera hacer más caso a su padre, que es quién realmente sabe de negocios.
-Y ¿Qué me dices de Charles Lincoln?
La manera en que el enorme y musculoso cuerpo se enderezó provocó que todos sus nervios se tensionaran. Ahí estaba…
-Nuestras relaciones comerciales con ese hombre están rotas. Y te puedo asegurar que fue decisión mía, canijo. Ese imbécil quiso recular pero…ya era tarde.
-¿Qué pasó?
-Nada.
-Peter…
-He dicho que nada.
Rob aspiro profundamente.
-De acuerdo…-apretó los puños antes de apoyarse sobre el borde de la mesa y ponerse en pie. Necesitaba moverse. Necesitaba…-…no podemos…-dios, las palabras parecían atragantarse en su garganta-…quisiera ser tu amigo.
El silencio se fue haciendo opresivo con el paso de los segundos hasta que la grave voz de Peter surgió, extremadamente ronca.
-Ya lo eres.
Maldita sea…el muy bestia se lo iba a poner más difícil de lo que ya lo era.
-Sabes lo que quiero decir…
-No, Rob. No lo sé aunque seguro que me lo explicas…
Comenzaba a enfadarse. No le daba ni un mínimo respiro.
-Está bien, Peter. Si así lo quieres…así será. Hasta que consiga limpiar mi nombre…no quiero tratos contigo-se mordió el labio inferior hasta casi hacerse sangre- No quiero contacto alguno con vosotros…ni contigo, ni con Doyle…

Siguió con la vista el lento deambular de Peter hasta quedar perfilado contra la apagada chimenea y apoyar las manos contra su repisa. Se estaba preparando para algo. La manera en que se posicionaba, dándole la espalda, tensándola, le recordó la rigidez de los soldados previa a la batalla. Dándole aún la espalda, Peter habló. Lentamente, incidiendo con parsimonia en cada palabra.
-¿Qué entiendes por tratos, Rob...?-Desde la distancia que los separaba apreciaba la presión que esos largos dedos ejercían sobre los fríos azulejos del hogar-… Quizá te refieres a hablar conmigo a diario o a quedar para desayunar. A acompañar los dos a tu padre a la librería o a que le eches a Doyle una mano con las cuentas ya que odia hacerlas él solo. A disfrutar de la compañía de Julia y la pequeña Rose, que te adoran. Puede que te refieras a escucharme cuando una idea me surge en la mente y trató de aplicarla a una pieza de maquinaria sin que cuadre  o quizá te refieras a cenar en la intimidad, a reír juntos o pasear cerca el uno del otro…-una suave pausa llenó el espacio- o quizá, a…besarnos desesperados…
El corazón le golpeó las costillas con tanta fuerza que creyó que las quebraría. No pudo contestar. Simplemente se quedó con la mirada clavada en esa inmensa espalda que conocía como la palma de su mano, tragando saliva angustiado.

No estaba discurriendo como esperaba. El muy testarudo no estaba actuando como imaginaba.

Con extrema lentitud Peter se volvió dando la espalda al hogar, dejando sus rasgos en la penumbra e imposibilitando que apreciara la expresión de su rostro, dejándose guiar únicamente por el tono de su voz y dios…ese indicaba que estaba más que cabreado.
-Deliras si crees que vamos a dejarte de lado. Por demasiadas razones como para enumerarlas, canijo, pero lo haré…y, ¿Sabes por qué?...-No. Quiso responder pero no pudo. No quería saberlo…- …Porque eres familia y no sólo me refiero a ti, Rob. También a tu viejo. Él no merece sufrir más…

Tragó saliva.

¿Cómo contestar o negar  una verdad que impactaba tan sólo escuchar?

Con cada paso que acercaba al hombre que intentaba alejar con todas sus fuerzas, las palabras siguieron fluyendo. En ocasiones firmes.

Otras…temblorosas.
-…Porque si te expulsan del cuerpo de policía no permitiremos que te desprecien. Porque si ocurriera lo que más temes, no quedarás en la calle sino que comenzarás a trabajar con nosotros, en la empresa que se ha hecho un nombre lo suficientemente sólido como para que no nos importe lo que un estúpido ignorante pueda atreverse a decir por ahí…Porque la pequeña Rose te sonríe de una manera que ilumina el día y a ti te ocurre lo mismo con ese precioso y diminuto trocito de vida y porque dudo que puedas pasar sin verla más de ocho horas seguidas o viceversa…y…

Casi estaba a su lado.
-…y porque nos amamos, Rob…porque nos hemos querido toda nuestra condenada vida y siempre lo supimos…pero sobre todo, porque siempre lo haremos…sin importar lo mucho que luches contra ello…

Estaba empleando armas pesadas el muy cabrón pero la última…la última…

Le estaba resquebrajando por dentro.

Con ojos alucinados observó a Peter recorrer los últimos cinco pasos en su dirección. Por un instante estuvo a punto de asaltarle la necesidad de escapar lejos de su alcance y mantener su maldita decisión inalterable. Si le permitía acercarse todas sus intenciones flaquearían…
-No te…acerques, Peter.
Una suave sonrisa curvó los carnosos labios tocados por esa cicatriz que atraía todas las miradas.

Cuatros pasos de distancia. Tres, convertidos en dos…

Odiaba que fuera más alto pero contra la naturaleza poco se podía hacer salvo jurar…y que tuviera unos rasgos tan impactantes pero sobre todo, en esos momentos, odiaba saber de primera mano el sabor de esos labios, la profunda manera en que besaba, en que acariciaba y…amaba de esa forma tan suya…
-No me hagas esto, Peter.
Estaba tan cerca que sentía el calor que desprendía su cuerpo.
-¿Qué? ¿Luchar por lo que quiero?
- No cambiaré de opinión. No puedo…
Notó el roce de los labios sobre la comisura de su boca y el golpeteo del pecho se incrementó descontrolado.
-Eso lo veremos…canijo.

Era tan familiar y al mismo tiempo, tan diferente, que en ocasiones daba miedo. Causaba pavor la mera posibilidad de perder lo que tan duramente habían conseguido tras aparcar el miedo, las precauciones, la burla , el rechazo y reconocer que lo que sentían podía más que su voluntad y que los rancios convencionalismos.

Ojalá fuera menos complicado. O tuvieran menos que perder….

Que aquello que podían libremente mostrar en su hogar, entre los suyos, se pudiera expresar sin disimulo fuera de los círculos más  íntimos. Que se considerara algo bueno y no una sucia perversión.

Sucio…

Le dolía tanto esa palabra…

Asociarlo a aquello que sentía por el hombre que lo miraba con una inconfundible mezcla de seguridad, picardía e… intenso amor.
Un sueño imposible y eso le aterraba. No por si mismo, sino por el hombre que había sufrido demasiado en su vida como para permitir que lo hiciera aún  más por su culpa.

Joder…

Esa endemoniada lengua…

Besaba como lo hacía todo. Sin medias tintas. Expresando todo lo que bullía en su interior. Jugando y abrasando.

Y…amando.

Y él…no podía permitir derrumbarse.
                  
Presionó las palmas contra el pecho que parecía moldearse al suyo y el suave impulso separó sus labios pese a la oposición inicial de Peter, que los mantenía contra los suyos, simplemente manteniendo el contacto hasta que otro suave empuje terminó de alejarle. Dos fuertes manos rodearon su rostro, sujetándolo.
-Te equivocas, Rob...
Apretó los sensibles labios y lo miró. A esos negros ojos bordeados de curvadas y espesas pestañas y tragó saliva…

Dolor.

Dios…le estaba causando dolor pero no se arriesgaría de nuevo a que Saxton lo arrastrara con ellos. Cuando viniera a por él, porque lo haría… tarde o temprano lo haría,  nadie más salvo uno de ellos dos iría al condenado infierno. Aunque lo matara por dentro, mantendría a Peter a salvo. Lejos. Necesitaba que estuviera a salvo para no perder la razón. Aquellos dos años buscándole, luchando contra la desesperación y el miedo le marcaron a fuego, tanto como marcaron la mente, el corazón y el cuerpo de Peter. Alejarlo del hombre que ya lo había torturado, porque lo contrario no era una opción para él. Jamás permitiría que lo cercara de nuevo. No más…

Proteger también era amar.

Aunque Peter no lo viera así…
Separó esas manos de su rostro con sus dedos, alejándolas.
-Ya está hecho, amigo mío...

Avanzó un par de pasos con las piernas flojas y la impresión de esos labios aún marcados a fuego sobre su boca, hasta dejarse caer una vez más en la silla que había dejado hacía unos minutos. Escuchaba con claridad la respiración acelerada de Peter y su impresionante cerebro elucubrar. Sentía sus ojos fijos en él. Confusos. No se daría por vencido. Nunca lo hacía pero esta vez…

Una suave sonrisa curvó su boca. Habían tardado un mundo en reconocer sus sentimientos y aún los percibía tiernos. Apenas desarrollados.
La vorágine en la que se habían visto mezclados les había permitido poco más que intercambiar unos besos robados al tiempo del que disponían. Nada más, pero habían sido…hermosos. Sencillamente hermosos…A partir de ese instante formarían parte de sus más preciados recuerdos porque no podía permitir que ahondaran más de lo que lo había logrado. Permitirlo supondría una mayor agonía.
Si colocaba un muro frente a esos jodidos sentimientos, Peter  podría seguir adelante si él faltaba.

Nunca debió abrirse a la posibilidad de amarle. Ahora ya era tarde, salvo para protegerle de un mayor dolor.
Era incapaz incluso de mirarlo pese a sentir la abrasadora y dolida mirada sobre su rostro.

Una fría corriente se adentró en la habitación al abrirse la puerta, evitándole un nuevo enfrentamiento pero atrayendo la posibilidad de lo que más temía. Su ruina.
Todos los músculos, tendones y nervios de su cuerpo se tensionaron y con engañosa suavidad apretó las frías y húmedas palmas de sus manos contra la  gastada superficie de madera.

Las pecas que cubrían el agradable y aniñado rostro de Clive destacaban sobre la palidez casi cadavérica de su rostro. La rabia oscurecía los hermosos ojos grises por lo que se preparó para lo que ya imaginaba. Lo iban a hundir en la miseria…
Tras Clive surgió la fornida figura de Doyle, quien de inmediato se ubicó junto a su hermano. Por un breve segundo su mente divagó a modo de protección al clavarse su mirada en Peter y Doyle. Dudaba que algún día llegara a conocer a unos hermanos tan diferentes y que se complementaran totalmente el uno al otro. Y que se amaran tanto…

Finalmente su padre.

Dios…

Ese viejecillo de fino cabello plateado, encogido por los disgustos y el paso inexorable del tiempo no parecía el padre que lo había criado. Estos meses había tocado el inquebrantable espíritu de ese hombre que le había dado todo. Amor, estabilidad, risas…
Por un breve segundo le costó respirar…

No permitiría más dolor hacia un anciano que no lo merecía.

El sonido del arrastrar de una silla atrajo su atención. Clive había tomado asiento frente a él, tras despojarse del oscuro abrigo y la expresión de su rostro no auguraba buenas noticias.
-Suéltalo, amigo.
Esos grises e inquisitivos iris se posaron en los suyos antes de contestar. Otro buen hombre atrapado en la jodida telaraña tejida por Saxton de la que, una vez inmerso…resultaba imposible escapar sin daño.
-No es bueno, Rob pero tampoco lo peor que podría haber ocurrido.
Algo de tensión se aflojó y con ella una pizca  de tranquilidad pareció inundar la concurrida habitación.
 Clive siguió de inmediato.
-De los cinco miembros de la junta tres han votado a favor de tu permanencia en el cuerpo y dos optaron por la expulsión con retirada de honores y carente de pensión alguna.

Joder…

Tras un mes sin respirar, el aire entró de golpe en sus pulmones casi ahogándole. Pero algo en la expresión del pecoso rostro le hizo recobrar algo de la perdida rigidez.
-¿pero…?
-Exigen un periodo de prueba.

El… serán cabrones… lanzado por Peter lo sintió como si lo hubiera gritado él.

El significado era un arma de doble filo y todos los presentes lo intuían.
Carecían de pruebas para echarle aunque lo hubieran deseado y el periodo probatorio lo atestiguaba. Sus compañeros en el cuerpo le harían el vacío, si no optaban  algo peor…
En la comisaría una rata era el peor enemigo y que sobre un policía sobrevolara aunque fuera incierta la mera sospecha de ser un traidor, equivalía a una vida imposible de aguantar entre esas cuatro paredes. Frases dañinas, insultos, zancadillas e incluso palizas tras ser acorralado por los compañeros y ausencia de apoyo en la calle eran situaciones habituales en esos casos e inevitablemente terminaban con el policía en cuestión malherido, muerto o abandonando el cuerpo de policía por su propio pie.

Una condena encubierta.

Una costumbre demasiado arraigada como para luchar contra ella.

Necesitaba un buen trago de algo que lo quemara por dentro para acallar los gritos de rabia que pugnaban por salir.
-He solicitado el traslado definitivo a tu comisaría. Con efecto inmediato.
El juramento que se le escapó al escuchar la frase de Clive rebotó en las paredes.
-¡Has perdido la cabeza!
Las fuertes manos de Clive trataron de peinar el indomable y llamativo cabello rojizo, en un gesto tan propio de él, en situaciones tensas, que casi le arrancó una sonrisa involuntaria.

Incansable protector de las causas perdidas.

No tenía remedio.
-Venga, Rob. Tú harías lo mismo…
-Eso nada tiene que ver con esto.
-Lo tiene. Los amigos lo están para lo bueno y lo malo y joder, amigo, ahora estás de mierda hasta el cuello…
El ronco bufido atragantado de Peter y la bronca carcajada de Doyle sonaron nítidas al igual que el lamento de su padre, sentado a su vera.
-Gracias, hombre.
La mueca en el rostro de Clive lo hizo parecerse a un muchacho no mayor de veinte años.
-No te voy a engañar, Rob. Nadie querrá ser tu compañero y en la calle necesitas alguien que te guarde las espaldas. Yo lo haré…
-No lo permitirán. Eres superintendente y no te emparejarán con un simple inspector.
-Me degradarán. Ya lo solicité.
No podía haber escuchado bien. Lo que acababa de escuchar era sencillamente impensable.
-Repite eso.
-Era eso o que quedaras desprotegido, amigo…-la inteligente mirada no se apartaba de la suya- Nadie aguantaría más de un mes sin apoyo. Maldita sea, Rob…es una encerrona y lo sabes. Y lo que te planteo es la única opción posible para salir de esta, enteros. Y vivos…

No pudo sostener esa gris mirada por más tiempo.
-Lo arriesgas todo, Clive.
Éste se encogió de hombros y su aniñado rostro  de rasgos clásicos y firmes sonrió repentinamente  y se transformó. Completamente…
-No tengo familia cercana. Sólo amigos por los que merece la pena arriesgarlo todo…-un suave carraspeo asentó la emoción que llenaba esa clara voz-…aunque últimamente rondo a una hermosa damisela que me ignora totalmente, para variar…y para mí honda desdicha.
Así que, amigo Norris, está todo dicho…

El peso  del mundo pareció caer sobre sus hombros. En ese mismo momento rodeado de familia y amigos le entraron tales ganas de llorar que el esfuerzo para retener las lágrimas le supuso un soberano triunfo. El no lloraba, ni en los peores momentos ni en situaciones extremas. Nunca.

Jamás se rendía pero el grupo de jodidos hombres que lo rodeaban eran su maldita debilidad. Lo daban todo por él y su respuesta a ello eran más y más problemas…
La palabra se le formó en el fondo de la garganta y surgió, estrangulada de la emoción.
-Gracias.
La sorpresa en los grises iris lo impactó.
-No se dan las gracias a un buen amigo, idiota. Claro que no has escuchado la segunda parte…
¿Había más…?
-Ross Torchwell también ha solicitado el traslado de Bow Street. Ha interesado el cargo vacante de superintendente y como se lo den estamos jodidos, amigo…-el gesto de impotencia era casi cómico en un hombre adulto- Manda más que la reina…mucho, mucho más. Es gruñón y exigente y ya puedes ir acostumbrándote a sus órdenes que por regla general, tienen sentido, todo hay que reconocerlo, pero…-El suspiro que emanó de Clive fue casi risible-…joder, se cree mi niñera desde que me atacaron por orden de los Bray. Y está cabreado. Conmigo y con el mundo entero. Quizá algo de esa obsesión se diluya si eres mi compañero, aunque lo dudo con esa mula incansable…
-¿Cabreado?
-No pasa nada. Es su estado natural…
La siguiente pregunta emanó de Peter.
-¿Porqué cabreado?
-Según sus airadas palabras, le ignoré de nuevo al presentar la solicitud de traslado.
-Pero si él ha hecho igual…
-Y yo qué sé…lleva unos  meses la mar de raro. No habla. Sólo ruge. Sobre todo a mí…
Rob sonrió al evocar la enorme y altísima figura. Le gustaba Ross Torchwell aunque por alguna extraña razón  éste pareciera tenerle algo de inquina. Le recordaba a Peter. Un hombre de armas tomar y extremadamente inteligente.
-Nuestro superior…
-Eso mismo.
-Por mi está bien.
-No, no. No lo entiendes, manda…más…que…la…reina. Y eso es mucho decir...
-Vale.
-¿Vale? ¿Cómo que vale? En calidad de compañero de fatigas tu deber será, entre otros, protegerme.
-De los delincuentes.
-¡Y de Ross!
Poco a poco el resto se habían ido sentando alrededor de la mesa.
Clive emanaba algo indefinible que atraía a las personas. Quizá fuera su vitalidad, su humor, que pocas veces se enfadaba o sencillamente que entre lo bueno o lo malo siempre se decantaba por lo primero.

Un alma optimista.

Un gran amigo.

Algo de calor fue llenando la frialdad que no había conseguido alejar de su vida los últimos tiempos. Lo que podía haber sido y lo que era…
Sobre la mesa de madera, rodeado de conversaciones mezcladas con  risas ahogadas y bromas a costa de Clive, su mirada se cruzó con la de Peter y esta estaba invadida por una llana advertencia.
Su conversación estaba muy lejos de haber finalizado. Las cosas eran diferentes a como las imaginaron, no peores pero tampoco habían salido de la maldita oscuridad.
No lo harían mientras Martin Saxton siguiera ahí fuera, escondido y al acecho. A la espera de un momento de distracción o debilidad para atacar.

Hasta que uno de los dos estuviera muerto y el otro libre, no se permitiría respirar.

No se permitiría amar a Peter…

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Era un olor único.

A bebé. A inocencia.

A…pureza.

Pensar que hacía seis meses habría roto la cara a quién hubiera siquiera insinuado que una cosita más pequeña que su brazo lo iba a noquear completamente. A él, que había peleado media vida sin que lograran vencerlo.

Estaba envejeciendo…

La suave y tranquila respiración junto con las babas que manaban de esa boquita desdentada le estaban humedeciendo la camisa pero le daba exactamente igual. La sensación de estar en paz consigo mismo mientras era incapaz de apartar la mirada de su hermosa mujer lo descolocaba y asentaba a partes iguales. La misma que lo había enamorado hasta las trancas antes de que el cielo les regalara a su pequeña Rose. Esa contradictoria sensación carecía del más mínimo sentido aunque con el brusco giro dado a su vida en los últimos meses nada era ya de extrañar. Su vida se había vuelto patas arriba y…le encantaba.

Inclinó ligeramente la cabeza procurando no despertar a su pequeña. Al otro lado de la puerta se escuchaban los paseos de sus hombres.

No había forma humana o divina de que dejarán de lado la vigilancia organizada que había mantenido y aumentado con el paso del tiempo. Marsden era el cabecilla e imponía los turnos como un sargento de caballería en pleno auge de su carrera militar, pero lo incomprensible de la situación era que el personal se peleaba por doblar sus turnos.
Dos días atrás la pequeña Rose casi había caído de morros de la improvisada camita colocada a diez centímetros del suelo de la habitación, dónde Julia la estaba cambiando los empapados pañales de tela  y la inmediata consecuencia había sido ser salvada de un pequeño coscorrón por la rápida manaza de Marsden. Lo siguiente, según palabras de su mujer, había resultado una tragicomedia o mejor dicho, una escena dantesca e incomprensible. El  gigantesco golpe se lo había llevado el propio Marsden al caer desmayado como un saco de patatas al suelo al comenzar a imaginar las horripilantes  y múltiples consecuencias  de no haber estado él ahí para salvar a su pequeña e inquieta niña-jefa.

¿Ve, jefe, cómo no se le puede quitar el ojo de encima?

¿Ve, jefe, cómo las rondas son necesarias?

¿Jefe, podríamos duplicar las rondas por el bien de las jefas y de paso su propio bien?

¡Sí, hombre!

 Y si queréis… ¡Podéis echarme de mi cuarto y acomodaros vosotros para quedar tranquilos vigilando a mi mujer y a mi hija!
Si no había estrangulado a Marsden las horas posteriores al incidente, ya…era capaz de aguantar lo indecible de sus hombres.
-No hacen daño, marido…
Demonios.
No lo entendía. Ni aunque viviera mil años alcanzaría a comprender cómo su hermosa pelirroja le leía la mente.
-Sólo quieren protegernos, por ti. Porque te quieren…
 Por su mente desfiló fugaz la mirada repleta  de lealtad y orgullo de su gente y sonrió desfondado, devolviéndole su esposa una de esas sonrisa que le encendían las entrañas.

Había terminado de cepillarse esa roja cabellera que traía por la calle de la amargura a su libido y tras, levantarse del mullido asiento frente al espejo de medio cuerpo, se acercó a él. Sin prisa.

Joder…

La amaba con locura.

Unos suaves y cálidos labios recalaron en los suyos al tiempo que sentía el diminuto peso desprenderse de su pecho, provocándole cierta sensación de vacío hasta que las contempló a las dos juntas.

Eran su vida.

Un suave gemido de su pequeña desapareció en cuanto se acomodó sobre el pecho de su madre y ambas se encaminaban hacia el lecho, ubicándose en el mismo centro. Con esa torpeza única y maravillosa tan propia de su mujer.
-En cuanto Rose termine de conciliar el sueño, la acomodaré en su camita y esperaré a que vuelvas, despierta. El tiempo que sea necesario…
Su pecho se constriñó totalmente y se sintió casi imposibilitado para hablar. Depositó un suave beso sobre la pelona cabecita de su hija y otro, algo más largo, sobre ese punto bajo y sensible bajo la mandíbula de su mujer.
-No sé lo que tardaré, amor y quizá necesitemos paños y agua caliente cuando regrese…
Un velo de oscuridad cubrió los ojos de Julia.
-¿Peleará?
-Espero que no…pero esta vez no saldrá del maldito refugio sin hablar conmigo aunque tenga que sacarle lo que siente a golpes.
-No le hagas mucho daño, ¿vale? Sólo un poquito…lo suficiente para que salga del infierno en el que se está metiendo sin darse cuenta…y…
-¿Y?
-Chilla si necesitas ayuda…

Una suave carcajada le retumbó por dentro. Podía imaginarlo a la perfección. Un grito y sus dos mujeres, despeinadas e incontenibles como la fuerza de la naturaleza que eran, acudirían en su ayuda. Sin dudar un segundo.

Sus labios golpearon los de su mujer antes de erguirse y abrir la puerta que daba al pasillo para topar con Mason. El menudo y escurridizo ratero ya entrado en años que desde hacía demasiado tiempo como para rememorar  había entrado a formar parte de la familia se cuadró. Guardando la puerta.
-¿Pasa algo, jefe?
-Nada que un buen golpe  y un bufido no puedan arreglar, Mason.
La aguda  mirada  de su hombre se desvió hasta las escaleras que dirigían al piso inferior.
-El jefe Peter está en su despacho, jefe…-el enclenque hombrecillo encogió los hombros- Chille si necesita…
-¡Lo sé!... lo sé, diablos...si necesito ayuda…berrearé a los cuatro vientos.

Dejó a atrás a Mason farfullando un… desde que se había casado el jefe Doyle, se le estaba agriando el carácter…y comenzó a descender la escalinata que daba a la planta principal.
El despacho que utilizaban ambos se había convertido en el escondite de Peter. Pasaba interminables horas encerrado desde que la primera nota que había enviado a Rob, hacía varios días, le había sido devuelta sin contestación y sin abrir. A esta le habían seguido innumerables cartas y por lo menos cuatro visitas por parte de Peter, sin resultado satisfactorio atendiendo al  enrabietado aspecto que mostraba su hermano al volver de ellas. Lo único que recibía eran notas del viejo Norris, poniéndoles al día, las cuales parecían aplacarle algo.

Con el paso de las horas había dejado de hablar para gruñir a todos salvo a Julia y a la pequeña. Con ellas empleaba toda la dulzura que guardaba en ese inmenso corpachón y por conocimiento de primera mano, era mucha la que almacenaba en él.

Un leve empujón fue suficiente para abrir la pesada puerta de par en par y su preocupación ascendió un par de grados al darse cuenta que su llegada había pasado inadvertida a su incontrolable hermano menor. Permanecía inclinado sobre la amplia mesa cubierta de libros y pedazos de papel, preparada para acomodar sus ingeniosos diseños. Dios…su hermano tenía una mente única. Para diseñar, fabricar e inventar...y auto flagelarse.

Tan complicado, a veces…

Sus inventos se patentaban y aplicaban a la naciente industria como pocos lo hacían, generando una inmensa fortuna para su familia. Había perdido la capacidad de calcular los ingresos que les reportaban sus creaciones…
Unido a su innata capacidad para los negocios, no era de extrañar que los inversores ofrecieran verdaderas fortunas para comerciar con ellos.

Si tan sólo su corazón estuviera asentado…y dejara de dar vueltas a esa inquisitiva mente para afrontar de una maldita vez lo que sentía.
Doyle cuadró los hombros y se adentró en la guarida.
 -No puedes seguir así, hermano.
La única contestación fue el silencio que últimamente acompañaba al hombre que se guardaba todo en su interior. Incluso de él, de su propio hermano.
-Háblame, Peter.
El carboncillo rasgaba el papel debido a la fuerza con que los dedos trazaban el dibujo. El sonido era tan desgarrador como presenciar el dolor que llenaba al hombre que dibujaba, ajeno a todo, incluyendo la súplica en su voz.

Estaba perdiendo a su hermano. Lentamente… y se sentía incapaz de impedirlo.

Se acercó dos pasos hasta quedar a su altura.

Que lo maldijeran si lo permitía.

Con fuerza agarró el puño que seguía deslizándose por la arrugada hoja de inservible papel, paralizando su avance.
Estaba agarrotado. Dolido. Y se negaba a hablar. Igual que el día en que lo recobraron de aquel condenado infierno en el que permaneció dos años.
-Te juro por mi mujer y mi niña que si no me hablas de una puta vez…que si no me miras y…
Sintió su propia voz romperse, negándose a fluir. Quebrada.
¿Puede el pecho doler tanto que parece partirse en dos viendo sufrir a quien amas?

Puede…

Vaya si puede…y duele…

Duele no poder ocupar el lugar de quien sufre. De quien se niega a hablar…

De un hermano…

Los dedos se le cerraron instintivamente, curvándose sobre la mano que seguía aferrando el áspero carbón. Con un impulso se agachó colocándose a la altura de Peter.
-Mírame.
Por un segundo creyó que una vez más se cerraría en banda hasta que sintió el aflojar del puño bajo su cerrada mano.
-Lo estoy perdiendo, Doyle…
Gracias…
Se sintió incapaz de mover el más mínimo músculo, por miedo a que Peter callara de nuevo y se cerrada una vez más a aquellos que lo querían.
-Está logrando lo que más temo. Perderle…
-¡Pues lucha!
La leve tensión en esos amplios hombros indicaba el camino a seguir.
-Me cierra todas las puertas.
-Ábrelas…
-¡Cómo!
-Desde luego, encerrándote aquí, poco vas a hacer, hermano…

Si le picaba lo suficiente quizá saltara el endiablado mal genio que lo caracterizaba.
-Está todo el día con Stevens.
Celos.

Joder…

Peter estaba cegado por los tontos celos. Aspiró profundamente para no darle un buen mamporro en la cabeza.
-Es su compañero, hermano. Es lo normal. Y son buenos amigos…
-No hace falta que lo recalques así
La chispa estaba ahí. Faltaba la llama y por dios que se la iba a dar.
-Muy buenos amigos…
Casi lo hizo caer de culo al suelo al deslizar de un empujón la silla en la que estaba sentado para erguirse y mirarle como una completa fiera.
-¿Qué coño insinúas?
Joder. A veces su hermano impresionaba y estaba ante una de esas ocasiones. Como ese dicho popular lleno de sensatez.

Líbrate de las aguas mansas que de las bravas ya lo haré yo…

Ninguno se aproximaba tanto al hombre que tenso como una cuerda a punto de estallar lo observaba con esos negros ojos inflamados. A veces Peter le recordaba a uno de esos volcanes cuyos dibujos gustaba de mirar en sus libros. Latentes y quietos. Inmóviles, hasta que llegaba ese punto de ebullición en el que estallaban y todo, absolutamente todo a su alrededor ardía con la fuerza que imprimía su interior al surgir descontrolado. Su hermano había aprendido a base de dolor, golpes y maltrato a retener todo lo que guardaba en su interior para sí mismo.
Únicamente una cosa se escapaba de ese férreo control. Doyle intuía que Peter odiaba darse cuenta de esa debilidad. De lo que él consideraba una debilidad sin entender que en realidad era aquello que lo mantenía vivo, lo que le hacía sentir y gozar y disfrutar. Y…amar. Lo que le daba fortaleza…

Rob.

Su punto débil. Su fuerza…

Lo mismo que era Julia para él. Su ancla…
-Insinúo, hermano, que Rob es un buen hombre y si no peleas por él…otra persona lo hará…
Se preparó para la embestida tensando toda la musculatura de su cuerpo. Para un golpe que estaba seguro lo iba a dejar inconsciente o como poco algo atontado. Cerró los ojos y quedó a la espera.

No llegó.
-¡Quieres abrir los ojos, Doyle!
Sopesó el gruñido lanzado en su dirección y el bufido subsiguiente…hasta que la grave voz de su hermano llegó desde el otro lado de la habitación seguido de ruido de ropas al ser manejadas. Abrió los ojos de golpe.

Oh, oh…

Se había pasado con sus buenas intenciones. Joder…el volcán había entrado en erupción.
-¿Qué haces?
La oscura mirada de su hermano indicó que la pregunta era rematadamente idiota ya que la respuesta era más que evidente.
-Sigo tu consejo.
-¿Ahora?
-Si
-¡Son las diez de la noche!
Una traviesa y aviesa mirada fue la única contestación que recibió a su histérico chillido.
-Haber esperado a mañana para esta impactante charla fraternal…
Con toda la parsimonia del mundo unida a una seguridad aplastante Peter se mudó de camisa tras limpiarse las manos con un paño húmedo. Todavía se le hacía un nudo en la garganta cada vez que veía las cicatrices surcar el torso de su hermano y esas malditas palabras grabadas a fuego en su espalda.
-¿Qué vas a hacer?
La sonrisa que lentamente cubrió los labios de su hermano lo hizo tragar saliva.

Dios…

La había armado parda.

Una vez decidido ya nada lo haría cambiar de opinión por lo que la mejor opción era intentar limitar al máximo los daños colaterales.
-No puedes secuestrarlo, hermano. Es un agente de la ley.
A grandes zancadas Peter se le acercó y posó una de sus manazas sobre su mejilla. Y sonrió…
Sencillamente sonrió con esa pícara sonrisa que recordaba de cuando era críos y acababa de planear la forma de que su anciana vecina les hiciera ese pastel de moras que adoraba. La misma sonrisa que hacía semanas que no veía en los marcados rasgos de su hermano y que lo transformaba en un impactante rostro.
La misma que anunciaba un maravilloso logro…
La fuerte palma presionó contra su mejilla.
-Hazme un favor, hermano. Da orden que preparen dos habitaciones en la primera planta y una que quede contigua a la mía.

Sin pronunciar otra palabra se giró sobre sus pasos, agarró el abrigo tendido sobre el sillón ubicado cerca de la caldeada chimenea y desapareció de su vista. En un abrir y cerrar de ojos…

Mierda….

Necesitaba refugiarse en su mujer antes de que se armara el escándalo. Un escándalo que había iniciado él, por hablar de más.
Adiós a sus gloriosos planes para la noche entre los cálidos brazos de su mujer.

Peter iba a raptar al canijo…

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La expresión de sorpresa en el rostro del viejo Norris no presagiaba nada bueno. Y el hecho de que permaneciera despierto pasadas las once de la noche, tampoco.

Se mordió el labio inferior. Le había costado algo más de media hora decidirse a parar su montura ante la verja blanca que delimitaba el hogar de Rob y su padre en el barrio de Clerkenwell, al Norte de la ciudad. Los gigantescos cascos del caballo habían dejado un surco alrededor de la casa de los Norris imposible de disimular. Enderezó la espalda y sorteó la descascarillada verja. Los restos de pintura roja que impregnaban la puerta de entrada de color aún lograban desquiciarle los nervios, como si el desprecio hubiera estado dirigido hacia él y no hacia el hombre que moraba en el interior de la casa y que no se lo merecía. Como un negro recordatorio de la noche en que su mundo se vino abajo definitivamente.

Apenas tardaron unos pocos segundos en abrir la puerta de entrada, perfilándose una enjuta figura que le recibió con una suave sonrisa. Se sentía ante el viejo Norris como un crío haciendo novillos, con la endiablada lengua trabada al paladar como un seco pedazo de madera, imposible de dar forma.
-¿Está en casa?
La mueca de incomodidad en los arrugados y afilados rasgos no le pasó desapercibida, logrando alzar todas sus defensas en un segundo. Algo estaba torcido…
-Está acompañado, muchacho, pero le avisaré…-Las cansadas piernas dieron un paso atrás dándole acceso al interior de su casa- Pasa adentro que la noche es fría… -Receloso cruzó el umbral-Ya sabes dónde está la salita…
Se encaminó a grandes pasos preparándose para una buena pelea.

Como el invitado fuera quien imaginaba le iba a dar un ataque de ira de campeonato y se sentía incapaz de prevenirlo. No esa noche…
¿Desde cuándo gozaba de tanta confianza el aniñado superintendente como para que Rob le diera acceso a su hogar a altas horas de la noche?

La sangre le estaba subiendo a la cabeza de forma cada vez más acelerada y con ella los pensamientos se iban agolpando como una maldita obra de teatro con un final desastroso, con el villano como figura central del espectáculo y en su imaginación su aspecto se asemejaba mucho al propio.
Se contentó con plantarse ante el ventanal que daba al oscuro y enlodado patio principal mientras trazaba en su mente las palabras. Cuidadosamente. La forma de hacer entender a Rob que no podían seguir así…
-¿No recibiste devueltas las cartas?

Diablos…
        
Tranquilízate, Peter…Por mucho que te provoque no entres al trapo.
El cristal se empañó al exhalar con lentitud. Respira…profundamente.

Y no le sigas el juego…
-¿O acaso no captas una indirecta, Peter?
Al cuerno con la calma. Todavía sin girarse, contestó a la jodida provocación.
-¿Te refieres a las cartas que no te atreviste a entregar en mano, amigo?
Pudo imaginar a la perfección los labios de Rob oprimiéndose con firmeza. En ese gesto…tan suyo. Tan…familiar…

En el exterior una suave llovizna comenzaba a mojarlo todo.

A carajo con las restricciones. Si el muy lerdo no se daba cuenta de que la situación creada entre ellos les estaba ahogando ya estaba él para explicárselo con pelos y señales. Ya se desfogaría más tarde con una sesión de entrenamiento con Guang. Unos jodidos golpes y conseguiría…mantener la calma. Diez minutos al menos…

¡Eso si no se la hacía perder el canijo esa misma noche!
-Si has venido a pelear, ya puedes irte, Peter. Tengo visita y estamos tratando de asuntos importantes.
Lo hacía adrede. Otra explicación no cabía. Lo desechaba como si él hecho de aparecer en su casa a horas intempestivas no fuera importante. Cómo si él fuera insignificante…

Con extrema lentitud se giró dando la cara a Rob.

Maldita la hora.

Siete días sin verle y el impacto de esos azulones ojos le constriñó las entrañas, arrancándole las palabras de golpe. Joder…
Le había echado en falta...
Su humor, su risa, esos labios incapaces de callar incluso en los peores momentos, las arrugas que iban apareciendo en la comisuras de los ojos por la preocupación o sencillamente por el paso del tiempo. La tozuda expresión. Ese rostro…que no conseguía arrancar de sus sueños. De esos sueños que lo despertaban de golpe en mitad de la noche extendiendo los brazos hacia el lugar donde la figura del hombre que ahora le observaba con enfado se difuminaba poco a poco al despertar…
Estaba completamente jodido y…enamorado de un hombre que peleaba cada paso que daba en su dirección a modo de acercamiento. Y todo porque se le había metido en esa dura mollera que quién estuviera a su lado quedaba en peligro y desprotegido ante las torcidas artimañas de Saxton.

Sin darse cuenta de que con ello, el único que en realidad quedaba sin protección era él.
Reteniendo las ganas de aproximarse a Rob, preguntó con ligereza.
-¿Qué asuntos?
-No importa.
-Acabas de decir que eran importantes y ahora, ¿ya no importan, en cuanto me intereso?
-No, Peter…sencillamente no son asunto tuyo.
-Eso no lo sabes…
-¡Si lo sé!
Las mejillas se le estaban coloreando al canijo.
-¿Estás congestionado?
La estática figura situada a unos tres metros de distancia al otro lado del cuarto podía tanto estallar como rendirse. Cualquiera de las dos opciones sería bienvenida en estos momentos. Todo…menos el maldito silencio.

Todo menos eso…
-¿No contestas?
Rob separó las piernas. El estallido se acercaba a pasos agigantados. Dios…y sería más que bien recibido si conseguía alejar esa artificial frialdad que se había posicionado entre ambos.
Centró la mirada en esos labios esperando lo que fuera. Necesitaba que estallara, que hablara, que gritara, que dijera lo que tenía encerrado en su pecho. Necesitaba…
Necesitaba a Rob como el ansiado respirar. Y no podía decírselo sin que se alejara de él…

El ruido de unos firmes pasos rompió el mutismo que los rodeaba.
-¿Ocurre algo, Norris?
El calor ascendió a oleadas por su cuerpo, centrándose primero en su vientre, su agitado pecho y sus palpitantes sienes…
        
El prepotente listillo.

Por supuesto… ¿Quién sino?

Cerró los puños dentro de los bolsillos del abrigo que aún le cubría. Clive Stevens en el lugar y momento más inoportuno. Para variar…
Sintió su boca abrirse y las palabras comenzar a fluir y a sí mismo incapaz de retenerlas, como una marioneta guiada por los rabiosos sentimientos que le colmaban.
-Ahora lo entiendo…
Rob se aproximó dos pasos en su dirección, dejando plantado en el quicio de la puerta al hombre que acababa de interrumpirlos.
-No, Peter. No entiendes nada, ¿Me oyes?... ¡Nada!
De nuevo el calor en su pecho. Abrasador…
-Explícamelo, entonces.
Notaba en su cuerpo la asombrada mirada del superintendente y le daba exactamente igual. Que intuyera o entreviera lo que le viniera en gana…él no saldría de esa casa de vacío. No de nuevo…

Lo claros ojos se clavaron en los suyos y lo supo…

Supo en ese mismo instante que la frase que llegaría a continuación iba a doler…
La ronca voz de Rob brotó estrangulada.
-Necesito que te vayas, ¿entiendes? Necesito…-Rob aspiró con brusquedad y continuó- No quiero verte más. No quiero cruzarme en tu camino ni que me busques…

Dolía más de lo imaginable pero no podía pararle. Por mucho que deseara que callara, gritarle que le estaba rompiendo por dentro, le dejó hablar sin apartar ni un segundo la mirada, muriendo poco a poco en su interior…
-No me busques porque no me encontrarás, Peter. No te quiero cerca hasta…
En algún lugar recóndito de su cerebro se dio cuenta que Stevens los escuchaba  enmudecido. Y lo agradeció…
Le costaba hasta respirar y no conseguía apartar la mirada de esos iris azules y…dolidos. Dios…
-Hasta que Saxton o tú halláis muerto…-El silencio se alargó, denso-Me pides aquello que no puedo dar, canijo.
La ahogada aspiración de Rob le llegó nítida.
-No me llames…eso.
Sus ojos se clavaron en el movimiento de la garganta de Rob al tragar convulsivamente.
-Maldita sea, Pete…Déjame hacer, sin intervenir…
-No. Lo que pides es que te deje sacrificarte.
-¡Te pido que me dejes salvarte por una vez en tu puta vida!
Si gritaba estaba logrando resquebrajar sus defensas.
-¿para qué, canijo?
El asombro llenó la mirada de Rob. Hasta que una extraña claridad la inundó.
-Para poder vivir en paz de una vez por todas...
Joder…no terminaba de entenderlo. El canijo no alcanzaba a comprender.
-¿No lo entiendes? Vivir sin ti…no es vivir.
La crispación cubrió los rasgos de Rob.
-No…te…arrastraré conmigo y nada de lo que digas me hará cambiar de opinión, Peter. Nada…- el pecho cubierto por una clara camisa se expandió al respirar profundamente- Ahora, quiero que salgas de esta casa de una jodida vez…y no vuelvas.

El corazón le golpeaba tan fuerte en el pecho que dolía…

Conocía esa mirada tenaz. No lograría nada apelando a los endiablados sentimientos porque ya había decidido. Rob había…optado y sólo había una manera de abrir una brecha en el plan que estaba forjando y por su vida que iba a emplearla. Al máximo.
-De acuerdo. Lo haré por mi cuenta…. Con o sin tu ayuda, Rob.
La figura ubicada frente a él quedó congelada. Sin fuerza. La voz que emanó de su cuerpo parecía pertenecer a otro.
-Qué…harás por tu cuenta.
No necesitaba contestar.
-Peter…contéstame.

No lo hizo.

Estaba cansado de hablar.

Despacio se separó del lugar que ocupaba, sacó las rígidas manos de sus pantalones y se dirigió hacia la puerta bloqueada parcialmente por el rígido cuerpo de Rob. Al llegar a su altura ralentizó el paso y alzó una mano de manera involuntaria, casi como esta necesitara el tacto del hombre que seguía sin mover un músculo de su cuerpo. Con esfuerzo se obligó a alejarla de ese conocido calor.
-Cuídate, Rob.
Retomó el paso para verse de repente bloqueado por un brazo alzado frente a él.
-Espera.
Con la mirada al frente preguntó sin esperar una respuesta.
-¿Para qué?
-No fastidies, Peter. No puedes hacer esto.
¡Qué no…!
-Haré… lo que me venga… en gana. ¿Acaso no haces igual, sin importarte lo que otros sientan?
Notaba la tensión en los dedos extendidos de la mano que se mantenía en el mismo lugar. Cortándole el paso.
-Lo hago por…
Giró el rostro a su izquierda, inclinándolo hacia el hombre más bajo que él, acercando la cara hasta casi rozar ese espeso cabello rubio y susurrar al oído. Con suavidad…
-Por ti, amigo. Lo haces por ti…sin pensar en nada más.
El brusco giro del rostro colocó los rasgos de Rob a centímetros de distancia, incitando al roce, a la caricia…
Se mordió el labio inferior para resistir porque en caso contrario aferraría con sus manos ese rostro y no lo soltaría hasta que entrara en razón.

Sencillamente no lo dejaría ir.
-Juntos somos más fuertes, Rob. Eso es lo que no entiendes y Saxton está logrando lo que siempre quiso. Separarnos para hacernos vulnerables.
El suave suspiro resultó claro.
-Puede…pero lograré que estés lejos y a salvo. Lejos de ese enfermo…
La forma en que había hablado alertó algo en su interior. Algo latente.
-¿Qué ocurre?
En la penumbra del cuarto casi le pasó desapercibido el gesto de impotencia de Rob. Casi…
La voz de Stevens manó agotada.
-Tenemos un rastro.

Lo Intuía…

Se mantuvo en silencio. Retador. Esperando a que alguno de los dos continuara. Rob lo hizo con el inclinado rostro oculto por el rubio cabello.
-Lo vieron en el hospital de San Bartolomé hace tres días, Peter. Hace tres jodidos días y…estoy cansado de perseguir a un fantasma…A veces lo siento cerca, vigilándome y espero que aparezca en cualquier esquina…
Rob se distanció de él, dejándose caer en unos de los desgastados sillones que ocupaban parte de la pieza. Sin alzar la vista se mesó el enmarañado cabello.
-No puedo distraerme, Pete. Tú presencia…me desborda y ahora…no puedo centrarme en otra cosa que no sea atrapar a Saxton.
-No te pido que lo hagas. Sólo que me dejes ayudar…
Desde  el otro extremo de la habitación surgió una controlada y firme voz.
-Brandon tiene razón, Rob. Nos vendría bien su ayuda y lo sabes. Cualquier ayuda...
Peter se volvió sorprendido por la interrupción de Stevens quien continuó hablando en su dirección.
-Hace dos días nos asignaron un caso caliente.
De reojo fijó la mirada en la silenciosa figura de Rob, atento a la conversación que mantenía con Stevens.
-¿Caliente?
-Difícil. Sin pistas que seguir y en un punto muerto. Un maldito engendro de caso y…
-¿Y…?
-Nos lo han asignado saltándose las reglas…
Con la mirada exigió más datos.
-Antes de que transfirieran a Ross Torchwell y asumiera el cargo de superintendente en la comisaría, con una rapidez pasmosa nos asignaron un caso de desaparición. Se trata de una joven enfermera que trabaja en el hospital. Desde hace un par de días nadie parece haberla visto y no ha vuelto a casa. Lo extraño…
-Sigue…
-Lo curioso es que se saltaron los protocolos fijados en los casos de desapariciones. Esperar como mínimo veinticuatro horas desde que se vio a la supuesta víctima por última vez, antes de que salten las alarmas. Con algo de…torpeza, pregunté por la razón de tanta premura y bueno, me guardo la reprimenda y los comentarios que me lanzaron nuestros estimados compañeros…

Por la expresión de Stevens y la forma en que había cerrado los puños no le extrañaría que se hubiera visto envuelto en una buena trifulca. Todo lo indicaba, sobre todo  la secuela de un buen moratón que mostraba en la mandíbula y el rasponazo cerca de la cicatriz que marcaba su sien.
-Me dijeron no muy amablemente que no olvidara que ya no era superintendente y que más me valía seguir órdenes.  Como soy muy complaciente,  tras un breve  intercambio de opiniones con un inspector opté por seguir las recalcadas instrucciones. El caso es que algo huele mal. Nos dan un caso en el mismo hospital en el que un hombre cuyos rasgos encajan con Martin Saxton ha sido visto como mínimo en dos ocasiones.
-¿Qué opina Torchwell?
El silencio repentino en el hombre que hasta ese momento no había callado, resultó cómico.
-No lo sabe…
-No.
-¿Lo de la pelea?
-No fue una pelea sino un…intercambio fogoso de opiniones, Brandon. Ni más ni menos…
-Ya. Por eso tu mandíbula muestra un colorido tan interesante y variado.
-Si me provocan, salto.

La madre…

Se habían juntado el hambre con las ganas de comer. Un insensato y un aventado en potencia como pareja policial. Un potencial desastre a la vuelta de la esquina y… ¡los interesados no se daban cuenta!

Estaban apañados.
-Está bien, pero algo me dice que cuando Torchwell vea tu curioso colorido no vas a salir tan fácil de su interrogatorio.
-Eso ya se verá.
Casi estuvo a punto de sonreír imaginando la bronca que le iba a caer al aniñado policía. Apartó el tema para indagar más.
-¿Cómo sabéis lo de Saxton?
-Es un poco complicado…
Ya empezábamos.

Se cruzó de brazos al mismo tiempo en que a su izquierda Rob se levantaba y acercaba a ellos, algo apresurado, para meter baza en la irreal conversación.
-Nos lo comentó un paciente del hospital…-la voz disminuyó paulatina y repentinamente hasta resultar casi un susurro- …del ala este destinada a…los…
No podía haber escuchado lo que creía haber oído.
-Repite eso.
Rob gruñó un breve juramento.
-Del ala este dónde se recluye  a los algo…perjudicados.
La floja y semi histérica risilla que acababa de soltar Stevens atrajo la mirada enfurruñada de Rob.
-¡No te rías, Clive!
Eso únicamente provocó una suave e incontrolable  carcajada en Stevens mientras farfullaba un…qué bueno, perjudicados...nunca mejor dicho Norris…muy pero que muy perjudicados…

Otra aniñada risilla sin sustancia por parte de Clive.

…como vamos a estarlo nosotros de seguir así…altamente  perjudicados, si señor… y más cuando se lo relatemos a Ross…la guerra de Crimea va a ser pecata minuta en comparación…

Se giró como una tromba para quedar frente al canijo. Con los brazos cruzados.
-Define…perjudicados.
A su derecha brotó otra jocosa risilla hasta que el codazo lanzado por Rob le dio de lleno en el costillar al pecoso cortando de golpe el buen humor mostrado. Con lentitud Rob se volvió hacia él.
-El ala de los…dementes.
Genial…
-Así que vuestro fiable chivato es un…perjudicado.
-¡Si, Peter! Lo que has oído… Un perturbado del ala de los dementes del Hospital de San Bartolomé, al parecer, ha presenciado en plena noche cruzar por delante de su celda a Martin Saxton. En varias ocasiones y estaba…
-¿si…?
La mirada que cruzaron los dos alelados le puso el vello en punta.
-¿Y bien…?
-Estaba vestido de enfermera, con falda y… por lo visto, tacones y el muy cabrón, no se tambaleaba…-Tras un breve silencio el gesto de Rob fue inconfundible- Ni se te ocurra reírte, Peter…
La risilla descontrolada de pura desesperación de Stevens brotó de repente.
-¡Eso díselo a él!
-La de Clive es una risa nerviosa, Peter…
-Claro…
-No empecemos…-tras un leve suspiro Rob añadió más datos-…Mañana tenemos concertada una visita en el hospital. A primera hora. Cuando está más tranquilo...según el médico que le trata.
-¿Es peligroso?
-No lo creo…si está al cuidado de sus pacientes…
-¡El médico  no, Rob!... ¡El paciente!
-¡Y yo qué sé! Mañana nos lo dirán…
Ni queriendo pudo contestar. La impresión lo había dejado…mudo.
Del todo.
-¿Peter?
Mu…do.
-¡Peter!
Esto no iba bien…para nada. Rallaba en un tosco equilibrio entre irreal y tétrico. Sin olvidar estrafalario.
-Sinceramente creéis que un hombre como Saxton se rebajaría a disfrazarse de enfermera con…tacones?
El ceño fruncido de Rob acompañó su escueta contestación.
-No.
-¿Entonces?
-Nada perdemos con intentarlo. Además, ese paciente es el mismo que presuntamente vio por última vez a la enfermera Gates, antes de su supuesta desaparición. Cazamos dos pájaros de un único tiro.
-O el tiro os sale por la culata, estallándoos en plena cara.
-Joder, Peter, tú siempre tan optimista.
-Di mejor realista.
-No me digas lo que tengo que…
A dos metros a la izquierda del lugar que ocupaban  ambos una asombrada voz cortó su creciente discusión.
-¿Siempre sois así?
El berrido fue mutuo.
-¡Sí!

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