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lunes, 25 de febrero de 2013

capítulo 13 de "Dos mitades en la oscuridad"

Llegó el Lunes y con él, un nuevo capítulo de Dos mitades.... Muchas gracias al que se anime a leerlo y un abrazo a todos!!!


Capítulo 13

 

-¡No puedes encerrarla en mi cuarto!
La escueta contestación de Ryan consistió en guardar la llave en uno de los cajones de su armario.
-¡Podría darle un ataque de ansiedad y…no tiene bolsas cerca!
Los suaves ronquidos les llegaron nítidos desde el interior del cuarto y de seguido el carraspeo de Lena.
-No digo que le vaya a dar ahora pero… ¡La noche es larga!
La suspicaz mirada de Lena se desviaba de la puerta que daba acceso a su cuarto a las manos de Ryan.
-¿La has drogado?
-No.
-Ha caído como un saco repleto al lecho…
-…sólo he potenciado su cansancio con un suave tranquilizante. Mac se ha ofrecido para custodiarla.
-¿Eh?
-Mejor no preguntes. Dormirá como un bebé durante horas.
Lentamente, haciendo caso omiso al juramento de Lena  y sin pronunciar más palabras, Ryan se encaminó a la entrada del apartamento, de un empellón cerró la puerta reforzada de acero e insonorizada y tecleó el código de cierre.
-¿Qué…haces?
-Prepararme.
Lena tragó con esfuerzo. Permanecían en el amplio salón, de frente, separados por unos metros y el espacio parecía empequeñecerse ante sus ojos.
-¿Para qué?
-Ya lo sabes, querida.
-No es un buen momento, Ryan.
-Lo es en éste caso. Carecemos de otro y créeme, cielo… querrás practicar para la ceremonia.

Se le emborronó la periferia de su misión, quedando el único punto claro centrado en la figura que parecía estar completamente relajado y a la espera de su contestación. Fue a quejarse con suma efusión del trato dado pero la lengua se le trabó en el paladar. Pegada al mismo.

 Ryan se estaba…desnudando, delante de ella. ¡Sin pudor alguno!

Lentamente…

Esos largos dedos habían desatado casi todos los botones negros de su camisa, tras sacársela del interior del pantalón, sin apartar esa viva mirada de ella. Todo se estaba precipitando y se sentía como una inexperta  principiante.
-Ryan…
Las manos masculinas se paralizaron y la inmensa figura se aproximó un paso, lo suficiente para alcanzar a oler de nuevo ese aroma tan propio de él.
-No tenemos otra opción, mujer.
-¿Por qué?
-Porque así se ha decidido y porque si lo dejamos pasar nos arrepentiremos. Arriesgamos demasiado si alguien no te controla y ésta es la forma de hacerlo

 Iba a decirle que no. Que ella no lo creía  pero por alguna extraña razón…sencillamente no pudo.

¿Puedo elegir?
Los pálidos ojos casi quemaban.
-Ya no.
-Esto no está bien…
-Lo está si queremos que sobrevivas.
-Pero no…para mí.
-Puede, niña…pero nos lo debes.
Tragó saliva ante la contundencia del tono empleado por Ryan. Se sentía en parte atrapada entre muros imposibles de franquear y en parte obligada por pertenecer a un mundo que  no la quería en él.

Siempre cabía una tercera opción…
-Puedo alejarme…
-No.
-Nunca me veríais de nuevo.
-No.
Dios…así no le convencería.
-Dame una maldita razón, Ryan. Dámela…porque en caso contrario, enfilaré hacia esa puerta y…
-Porque la Directora…
Suficiente.

La maldita puerta estaba a menos de tres metros. Alcanzó a dar dos zancadas antes de que una cálida mano aferrara la parte superior de su brazo y la girara hacia el hombre cuyo hermoso rostro tan sólo desprendía tensión y contención.

La inercia  del giro la lanzó contra la fría puerta, resonando en toda la entrada. Tenía ese rostro, esos labios a centímetros de los suyos. Carnosos. Conocía su sabor…y le era imposible dejar de mirarlos.
-Porque es nuestro destino, Lena y éste tarde o temprano te atrapa.
Tan cerca…
-Eso no lo sabes.
-Quizá, pero deseo creer que ocurrirá así.
-¿Y, si dijera que no?
-No lo harás.
-¿Y si…?
Le recorrió como si un rayo lo alcanzara. La sensación de pertenecer a ese momento, al tiempo y al lugar, a cinco centímetros del hombre que había alzado la mano para apoyar la palma contra la puerta, junto a su cabeza.
-No pienses, sólo…siente.

Lo hizo. Y no supo…la razón.
Alzó el rostro lo suficiente para alcanzar esos gruesos labios. No engañaba a nadie, salvo a sí misma. Ella había dado el paso inicial y se sentía…aceptada. Algo en Ryan que parecía envolverla, la hacía perder la cordura, la sensatez y la odiada sensación de ser una extraña  entre los suyos.

Los ronquidos de Fanny se difuminaron en la distancia al igual que todo a su alrededor, salvo esos labios que no se abrían como si esperaran una señal suya. Tendrían que esperar ya que primero quería recorrerlos con la punta de su lengua, lentamente, esa sensitiva carne…

Le pareció sentir un suave temblor en el cuerpo que se acercó hasta apretarse contra el suyo, dándole calor.

Tanto calor…

Empujó levemente con la punta de su lengua buscando…aceptación y dios…la obtuvo sin atisbo de duda. El tumulto de sensaciones casi la asustaron pero Ryan pareció percibirlo.

El ansia se suavizó mientras la cálida piel que cubría la mano masculina seguía un camino que parecía conocer pese a no haberlo recorrido nunca. Las descubiertas yemas de sus dedos desprendían calor, la acariciaban con tanta suavidad. Ese duro cuerpo apabullaba pero se amoldaba al suyo…

Dio un paso más y optó por tocar el descubierto torso con sus propios dedos. Le sorprendió la suavidad, la firmeza del duro vientre. Ascendió más, moviendo, rozando simplemente, percibiendo con su propio cuerpo la convulsa respiración del hombre que se dejaba tocar pese a ser conocido por distanciarse del mundo entero.

 Olía…a gloria.

Sus dos manos ascendieron por ese rostro perfecto, delineando sus pómulos hasta que su pulgar alcanzó una marca en su sien. Rastros de lucha. Las mismas que casi siempre procuraba mantener ocultas. Deslizó la yema con parsimonia, con suavidad por encima.
-No.
Le ignoró hasta que una de esas manos paró su avance.
-Déjame.
-¿Porqué?
-Porque…te lo pido.
Estaban tan próximos que devoró la sensación de poder hundirse en esos iris, tan únicos. Porque lo eran. Él lo era aunque no lo creyera así. Leyó la duda y…la aceptación en la tensa faz.
-¿Duele?
-No. Son un aviso…
-¿Para quién?
-Para todos…para que no se acerquen. No soy un hombre fácil, Lena.
-Tú no eres tú pasado, Ryan Baldassare Borges, sino tu presente. Eres Ryan Robb. Un buen hombre…

Fue la primera vez en su vida, la primera vez desde que conocía al hombre más reservado de su vida  que éste le mostró un atisbo de vulnerabilidad. Escuchar el nombre recibido al nacer y del que había tratado de huir toda su vida rompió algo de esa coraza que lo cubría. Se creía un monstruo porque su  maldito padre se lo grabó en la mente, en su corazón, en la sien y…en su alma.

¡Dios santo!...Ryan estaba roto por dentro…como lo estaba ella. La única diferencia era su mayor capacidad para ocultarlo a todos los que se asomaran e intentaran descubrir sus secretos.

Yo no soy todos, Ryan.
Las largas pestañas casi ocultaron esos rasgados ojos.
-No. No lo eres…pero eso no…
No dejó que terminara la frase antes de golpear esos labios con los suyos. Para callarle, para no pensar, para dejar de temer a lo desconocido.

La contención se esfumó.

Se sintió aplastada contra la puerta, desde los muslos a los labios y por un segundo sopesó si lo que estaba haciendo era lo que deseaba… hasta que dejó de hacerlo y decidió seguir la petición del hombre que parecía estar devorándola.

Sentir en todos los poros de su cuerpo, sin pensar en el después…

El después…

Su cerebro se detuvo.

El matrimonio.

Su mente se aceleró…

¿Habrían iniciado los preámbulos mientras que ella creía que Ryan sentía lo que estaba haciendo cuando en realidad estaba cumpliendo con su deber?

Tenía que pensar…pero era tan difícil…

No era él quien había comenzado esta vez. No podía pensar, ni tratar de decidir…absolutamente nada con la boca de Ryan haciéndole lo que le estaba haciendo. Había separado sus labios y esa cálida lengua la estaba haciendo perder los nervios. Le recorría cada recoveco, le acariciaba, lentamente, más rápido para reducir de nuevo esa intensidad. Sentía contra su cadera el abultado miembro bajo el pantalón, empujando contra su pelvis, contra la dura pared. Sus gruesos muslos hundiéndose entre los suyos, presionando, apretando contra ella. Esa fricción…

No podía respirar contra esos labios que se habían separado para deslizarse hacia un lado, hacia su mejilla, lamiéndola…hasta alcanzar ese punto bajo su lóbulo que latía enloquecido.

Se tensó brevemente al sentir una de sus manos introducirse por debajo de sus bragas. No se había dado cuenta de que le había desabrochado  la cintura del mismo o abierto la bragueta. Esos largos y endurecidos dedos la acariciaron sin dudar. Temblaba.

La madre de…

Había conseguido bajarle la cintura del pantalón hasta media cadera y su otra mano se había colado por su espalda mientras esa endiablada boca no cesaba , no le dejaba descansar un solo segundo, mordisqueando en ese exacto punto que le provocaba escalofríos por todo el cuerpo. Con un brusco movimiento Ryan la aferró del trasero y empujó contra él, no dejando que el aire circulara entre los dos. Ya no sentía el frío metal a  su espalda sino únicamente  espacio libre hasta que de nuevo desapareció, transformándose en algo blando y fresco. 

Sólo sentía…calor y de seguido el inmenso peso de Ryan, apretándola contra el colchón, cubriéndola entera. No sabía cómo habían ido a parar al cuarto de Ryan.

Dios, dios… iba en serio.

Trataba de posicionarse entre sus muslos y aunque ella no quería facilitárselo, no era contrincante para él…para esa ruda insistencia, logrando con repetitivos empujones desplazar la posición de sus abiertos muslos hacia los lados con sus rodillas hasta quedar plenamente satisfecho y ella…algo vulnerable.
No estaba acostumbrada a esto. Ocurría rápido, en un torbellino de sensaciones.

 Apretó las caras internas de sus muslos contra esas caderas cubiertas de cuero al sentir un mordisco bajo la mandíbula, al sentir un lametón para suavizar el endiablado mordisco y…al notar la inmensa palma cubrir su nalga izquierda. Carne desnuda contra su glúteo. La presión de esos dedos…

Apretó sus desnudas manos contra los costados aún cubiertos por los faldones de la negra camisa. Sentía contra su desnudo vientre la helada hebilla del cinturón de Ryan y el duro y grueso bulto contra su ingle. Las caderas de Ryan golpearon las suyas, carentes de esa suavidad anterior. Los juegos habían dejado paso a la necesidad, a la fiereza y al choque de sus cuerpos.

-Joder, mujer… ¿Qué coño me haces?

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No la asustes…no lo hagas…

No estropees lo que llevas esperando tanto…

Sintió esas duras pero suaves manos en sus costados y casi perdió el nervio. Esto nunca le ocurría a él. Jamás se rendía a la falta de control pero el…olor de su pareja, el sabor, la sensación de tenerla bajo él…la mera posibilidad de hundirse en ella hasta el fondo...

Hace unos instantes creyó que se resistiría, al hacerse un hueco entre sus muslos pero le había dejado…

La necesidad de tenerla le urgía, le hacía perder la noción de todo.

Joder…ella tenía el culo más lleno, más suave y más redondo…hecho para sus manos. Lo acarició sabiendo lo que arriesgaba pero necesitaba memorizar esa forma antes de continuar.

La había relajado y calentado.

Ahora llegaba…el resto.

Se enderezó de golpe hasta quedar arrodillado entre esos muslos y casi, casi mandó todo al infierno para dejarse llevar por el momento, aplastarse contra su compañera, besarla, comérsela a mordiscos, lamerla entera al verla tendida con los muslos desplegados y la mirada turbia fija en él como si no terminara de entender el hecho de haber llegado a ese punto.

Recorrió con su mirada a Lena.

Su corazón se paró. Literalmente.

Era suya…

Siempre lo fue desde que se encontraron de críos. Almas gemelas.
-Vuélvete.
Lena pareció recobrar algo de serenidad al tiempo que se incorporaba sobre sus codos y balbuceaba con escasa convicción.
-¿Qué?
-Te necesito boca abajo.
Los castaños ojos dejaron atrás ese aspecto perdido para enfocar su mirada en él.
-¿Qué has…?
-Ya me oíste, Lena.
-Estoy bien así…
Estaba dejando atrás toda su ventaja y ella  se estaba distanciando de la neblina de sensaciones que la habían obcecado. Y…arrepintiéndose. Lo leía en su mirada que lentamente se iba enfriando y endureciendo.

Lena enrojeció al desviar su mirada hasta su desatado pantalón. Con torpes y presurosos dedos trató de subir la cremallera y atárselo, tras colocar las sencillas bragas en su lugar. Se estaba tensando.
-No lo hagas.
Ella lo miró alucinado.
-Que no haga, ¿El qué?
-Atarlo.
Lena se sentía incómoda y ocultaba su mirada, encogiendo poco a poco las piernas, alejándolas de él.

Con su mano se lo impidió al afianzarla en el muslo femenino. Joder…él no era suave. No sabía serlo y si su mujer se cerraba en banda…
Sentía el fino músculo del muslo que presionaba tensarse bajo la palma de su mano.
-Necesito saber, Ryan.

Esperaba la maldita petición pero creyó que llegaría algo más tarde. Mucho más tarde…
Sin desasir la cálida extremidad se acomodó sobre sus piernas, manteniendo la misma postura.
-La ceremonia tiene una finalidad esencial, Lena. Enlazar al Begirale y a su protegida hasta que el lazo se rompa con la muerte de uno de ellos.
-¿Cómo?
Condenada mujer. Al meollo…sin vueltas de tuerca.
- Ambos han de yacer y alimentarse…
-Bueno, tampoco es para tanto…
-…juntos.

El suave juramento femenino le puso el vello en punta. Se estaba cerrando a la mera posibilidad.
-El protegido ha de recibir vida y sangre del Begirale, en beneficio de la raza.
-¡Al cuerno con la puta raza!
De un tirón Lena se deshizo del agarre de su mano, para terminar incorporada contra los oscuros almohadones que llenaban la cabecera del lecho, en actitud defensiva y de pleno rechazo.

Ryan apretó los dientes.

No terminaba de entenderlo la muy ilusa. La Cleda, el órgano regente de la Dandraara, del que formaba parte la directora, había dictaminado y si no era por las buenas lo sería por las malas.
-No tienes elección, mujer. Si tratas de huir te encontrarán, si te niegas se te obligará, si rechazas la protección del Begirale nos condenas a ambos  y a la propia raza al deshonor...simplemente por temor a lo desconocido.
-¡No es por eso!
Si la única manera de lograrlo era picar su honra, no eludiría dicha posibilidad.
-Dame la razón entonces, Lena porque desde mi punto de vista lo que te para es el miedo a yacer conmigo…lo cual es inmensamente egoísta.
-y, ¿Porqué no doy yo y recibes tú?

 Por todos los…

Se puso como tenso en un instante y al mismo tiempo se cabreó.

No llegaban a ninguna parte hablando.

Había agotado la jodida paciencia.

Agarró con rapidez y sin miramientos los cubiertos tobillos de su compañera y tiró de ella arrastrándola sin previo aviso, provocando en ella un resoplido de sorpresa. Dejando caer de golpe todo el peso de su cuerpo y con las caderas aprisionando las suyas, la sujetó por la mandíbula, obligándole a no apartar la mirada de la suya.

 ¿Quería sinceridad?

 La tendría.
-Si es necesario, lo haré por las malas. Pero, créeme, querida…no quieres eso.
Lena abrió la boca para hablar pero se la tapó con la palma de la  mano y la aplastó contra el mullido colchón hasta que ésta soltó un leve quejido.
-Como mi protegida, recibirás un masaje con aceite ceremonial…por todo tu cuerpo. Necesitarás estar bien lubricada para recibirme. También relajada y…dilatada.

Los castaños ojos se agrandaron para entrecerrarse a continuación, frunciendo el entrecejo.
-Dormiremos desnudos en el lecho para habituarnos a lo que desde mañana será lo normal. En cuanto al rito en sí, se celebrará en la intimidad con la presencia de Directora, ante la cual se consumará, dando fe de la unión. La raza nos dio la vida y si no seguimos adelante con la ceremonia… puede arrebatárnosla. Ella decidirá. Consumaremos la unión y beberé de ti, mi protegida para marcarte en mi, para poder seguirte allá donde vayas y encontrarte allí donde te encuentres. Es la manera de proteger a la carga y mantenerla a salvo. Quedaremos unidos y afianzaremos el lazo con frecuencia, así que…hazte a la idea.

Lena se revolvió bajo el peso de Ryan pero este afianzó con dureza la sujeción.
-No tenemos elección y…si la hubiera me importaría una mierda porque está decidido.
El hermoso rostro se aproximó al contraído por la pura rabia.
-Tienes diez minutos para decidirte, mujer. Por las buenas…o por las malas. Otros diez segundos para desnudarte ante mí y tenderte boca abajo, relajarte y  abrirte de muslos y quien sabe…quizá cumplamos la primera de las imágenes que nos detalló el capitán… ¿No crees?

Sabía que la estaba desafiando y enfureciendo pero no tenía salida ya que si la dejaba decidir, ella rebuscaría una jodida e inservible salida que a todos dañaría a la postre.

El enfadado rostro se sacudió levemente y empujó contra la palma que le cerraba la posibilidad de contestar. Un rabioso… ¿puedo hablar de una maldita vez?...se filtró a través de su mano.
La apartó con cautela.
-Te respondo en diez minutos…hijo de la gran puta.

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3 comentarios:

María Guadalupe Bejar Bejar dijo...

Esto si que no me lo esperaba, tiene que beber de su sangre? agggg
Pobre Lena y pobre Ryan.... Está cada vez mas que interesante, ahora tendré que esperar hasta el lunes para saber lo que pasa, jo
Bueno como no queda de otra hasta el lunes que viene, besos y abrazos

bego dijo...

jijijij, uyyyyy aún queda bastante...pero yo no digo nada que destrozo la intriga
Muuuchos abrazos

Alevudú dijo...

Begooooooooo, no quería ponerme a leer esta historia para no sufrir 2 veces a la semana por tu culpa, pero sin querer comencé y ya perdí la batalla XD por favor, de qué fecha es la primera entrada para poder comenzarla desde el principio????

Un gran saludo ;)

Let :D